OMAR KAYYAM, EL
GRAN LÍRICO PERSA
Tania Zapata
Ortega
Con la misma
indiferencia que corren las aguas por los ríos y pasa el viento
por el desierto, así un nuevo día se ha ido de mi existencia. Hay
dos días para los cuales mi corazón jamás ha languidecido: ése que
no ha llegado aún, ése que ya pasó.
Omar Kayyam
Con la conquista árabe
y el sometimiento al Islam, la literatura sufre en Persia un
retroceso; hasta los siglos IX y X, la poesía renace con fuerza
inusitada, dejando toda una constelación que otorga la razón a
los eruditos que dicen que “Los poetas persas son tan numerosos
como las estrellas del cielo”. Los cuatro grandes poetas de este
“renacimiento persa” son: Saadi (1184-1292); Rumí (1207-1273),
a quien homenajeamos esta semana en nuestra sección de
poesía; Hafiz (1391)Y Jami (1414-1492).
En 1859, un
deslumbrado Edward Fitzgerald tradujo y entregó a Occidente el
Rubaiyat, de Ghiyas Uddin Abul Fath Omar Ibn Ibrahim
al-Kayyam (Omar Kayyam); desde entonces muchos han sido los
traductores y críticos que han quedado prendados de la belleza y
profundidad de la obra. “Kayyam es tal vez el hombre más
digno de estudio para comprender a lo que pudo llegar el libre
genio de la Persia en la estrechez del dogmatismo musulmán”
diría Ernest Renan.
Astrónomo, matemático,
filósofo y poeta, es considerado por muchos el lírico más
importante de su época. Kayyam nació en el primer cuarto del
Siglo XI en Nishapur, capital de la provincia de Khorassan; las
opiniones de sus estudiosos se dividen al considerar su obra ya
como expresión de la doctrina sufí y ver en sus alusiones al
vino y las mujeres elementos simbólicos y quienes concluyen que
sus rubai (cuartetos) deben interpretarse en sentido
directo, considerando al poeta como un sincero y atormentado
hedonista y un rebelde que opuso el erotismo, el goce de los
placeres sensuales, al ideal moral de abstinencia predicado por
el Islam, cuya imposición supuso una conquista espiritual para
Persia.
Mientras del breve viaje
el fin no se resuelva,
Puedes la amada forma
ceñir entre tus brazos,
Antes que la alma tierra
a recobrarte vuelva,
Y en la última caricia
en polvo te disuelva.
…
¡Oh!, no más te
atormente lo humano y lo divino,
y que el mañana solo
desate su madeja:
¡Hunde tus dedos muelles
en el ébano fino
de las trenzas de alguna
flexible hada del vino!
…
Si la secta de abstemios
del amor y del vino
sola es llamada al goce
del Edén del Profeta,
¡Ay! temo que el Edén,
con su encanto divino,
vaya a quedar desierto,
sin fieles ni destino!
En sus creaciones, de
inspiración escéptica, siente angustia ante la brevedad de la
vida y sostiene que el placer es el único consuelo del hombre.
Se burla del paraíso mahometano y enarbola un peculiar ateísmo,
como un grito de protesta ante la rigidez islámica.
En sueños otra voz, que
me repite, advierto:
–“La flor abrirá al beso
de la nueva mañana”;
más un rumor que pasa,
me dice, ya despierto:
–“La flor que ayer
abrió, dio su aroma y ha muerto”.
…
Cielo es sólo visión del
deseo cumplido
y el infierno la sombra
de un alma de ansia presa,
lanzada a esta tiniebla
donde, apenas surgido,
el hombre ha de quedar
en polvo convertido
Al cuestionar los
dogmas religiosos afirma que el hombre pasa fugazmente por la
vida y no deja rastro al desaparecer del mundo:
Yo he sembrado semilla
de aquel saber arcano,
y la ayudó a crecer la
labor de mi mano:
y ésta fue mi cosecha:
yo vine como el agua,
y me voy de este mundo
como va el viento vano”.
En
Fariseísmo es evidente su condena a la
falsedad de los muecines:
Sé de ignorantes que
jamás pasaron
una vigilia en pos de
una verdad;
y más allá de sus
carnales muros
un solo paso no dieron
jamás
Pero son ellos los que
visten toga
y en aire de señores
graves van;
y son ellos los viles
detractores
del Puro, a quien jamás
comprenderán
La crítica a una
sociedad dividida en clases no podía faltar: en el sorprendente
poema Injusticia y desigualdad , Omar Kayyam
alcanza altura universal al retratar fielmente el sufrimiento de
su pueblo de una forma que resuena más de mil años después con
tremenda actualidad:
¿Y por qué un hombre
sólo recibe
por su faena un pan para
dos días,
y que en un tiesto
desdentado bebe
de la cisterna el agua
cristalina,
por qué ha de amoldarse
a servidumbre
de quien no vale por su
propia miga,
y ha de rendir su
voluntad a otro hombre
que es su igual por las
leyes de la vida?
* Los textos son
traducción de Joaquín V. González.
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