LOS VALORES MEDIEVALES EN EL CANTAR DE LOS NIBELUNGOS
En El Cantar de los Nibelungos, poema épico germano del Siglo XII, Hagen de Tronje encarna la figura del guerrero y cortesano astuto que aprovecha las debilidades de los enemigos de su señor. Enemistadas las reinas Brunhilde y Kriemhilde, la división en la corte de los burgundios está a punto de provocar una guerra. En un episodio que recuerda la invulnerabilidad de Aquiles y la astucia de Odiseo en la épica griega, Kriemhilde, temiendo por la vida de Siegfried, comete el fatal error de encomendarle a Hagen la protección de su esposo, revelándole el sitio exacto donde la sangre del dragón no ha vuelto impenetrable la piel del príncipe de los Países Bajos; marca en la armadura de su esposo este punto vulnerable; tal secreto da la ventaja a Hagen, quien de otra manera jamás hubiera podido vencer al héroe, a quien mata por la espalda durante una cacería. Esta traición desencadena la venganza imparable de Kriemhilde y la muerte de todos los burgundios, señores y vasallos.
Cuando Siegfried, el noble – bebió de la fuente,
Él le atravesó la crucecita, – de modo que saltó de la herida
la sangre de su corazón, – salpicando el vestido de Hagen.
Ningún héroe jamás volverá – a cometer un crimen como éste.
La lanza en su corazón – profundamente dejó clavada.
A pesar de su resistencia inicial, Kriemhilde, accede a casarse con el rey pagano Etzel (Atila) cuando éste le asegura que todos sus vasallos lo serán de ella y vengarán cualquier afrenta, sea pasada o futura. Ella invita a sus hermanos a la corte de Atila y éstos acuden con tropas y vasallos; antes de llegar, reciben el aviso de que les espera una emboscada. Los burgundios resisten el asedio de los soldados fieles a Kriemhilde. Durante la refriega, Dankwart, hermano de Hagen, entra chorreando sangre y éste, enfurecido, da muerte a Ortlieb, hijo de Kriemhilde y Atila, decapita al preceptor del niño y corta la mano al trovador de la corte, arrebatándole con ello toda función social. La acción dramática aparece en el poema sin adornos, cruda y brutal. Tres estrofas, tres personajes muertos a manos de Hagen. Con la muerte de Ortlieb, la paz deja de ser una opción y ninguno volverá al Rhin para contarlo.
A Ortlieb, el niño lo mató – Hagen, el buen espada,
de la espada hacia la mano – le corrió la sangre
y su cabeza brincó – al regazo de la reina.
Entonces empezó entre los espadas – una matanza feroz y grande.
También al preceptor – que cuidaba al niño
con sus dos manos – le dio un rápido golpe,
de modo que su cabeza rodó – bajo los pies de la mesa.
Era un sueldo lamentable – que dio al preceptor.
Vio ante la mesa de Etzel – a un juglar;
Hagen, en su ira – corrió hacia él,
le cortó sobre el violín, – la mano derecha.
“Que esto era un mensaje – para el país de los burgundios”.
“Ay de mi mano”, dijo Werbel, – el juglar de Etzel.
“Señor Hagen de Tronje, – ¿qué os había hecho a vos?
Yo vine con gran fidelidad – al país de vuestros señores.
¿Cómo tocaré ahora los sonidos – ya que he perdido mi mano?”
La fidelidad al esposo, valor fundamental de la Edad Media, entra en conflicto con el respeto a los lazos de sangre; y se impone el deseo de venganza. Para apaciguar a Kriemhilde, sus hermanos apelan al vínculo fraterno; en respuesta, ella pide le entreguen al matador de Siegfried y de Ortlieb a cambio de sus vidas. La negativa es obligada: los caballeros no pueden, bajo ninguna circunstancia, entregar a uno de los suyos, pues ello significaría perder algo más preciado que la vida: el honor, otro valor fundamental de la épica medieval y del feudalismo, en pleno ascenso al escribirse El Cantar de los Nibelungos.
Entonces dijo Geiselher, el joven: – “Bellísima hermana mía,
¡Cómo hubiera yo pensado, – que tú me invitaras del Rhin
aquí a tu país, – a un peligro tan grande!
¿Cómo podía yo merecer – de los Hunos la muerte aquí?
Siempre fui fiel contigo, – jamás te hice sufrir.
También vine cabalgando a tu corte – con la ilusión
Que tú me tenías afecto –queridísima hermana mía,
sé benévola con nosotros. – ya que no puede ser de otro modo.”
“No os concederé gracia, – yo misma gané la desgracia:
A mí, de Tronje Hagen me ha causado – un dolor inmenso
En mi país y ahora aquí, – donde mató a mi hijo;
Esto tendrán que pagar duramente – los que llegaron con vosotros.
Pero si queréis darme – de rehén a Hagen solo,
no voy a negar, – que os dejaré con vida,
porque sois mis hermanos, – hijos de la misma madre,
entonces trataré de reconciliaros – con los héroes que están aquí”.
“No lo quiera Dios en el cielo” – dijo entonces Gernot.
“Y si fueran mil de nosotros, – todos quisiéramos yacer
muertos ante tus amigos, – antes de entregarte a un hombre
aquí como rehén; – esto no se hará nunca.
Aunque tuviéramos que morir”, – dijo entonces Geiselher,
“nadie puede separarnos – de nuestra caballerosidad.
Quien quiera luchar contra nosotros, – aquí estamos todavía:
Jamás he traicionado – mi fidelidad con un amigo.
Publicado originalmente en el número 765 de la revista buzos de la noticia el 24 de abril de 2017.

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