LA POESÍA EN
LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE *
Tania Zapata
Ortega
¿Sabes decir cuántas son
las víctimas de tus ojos?
¿Sabes cuántos dardos de
tu mirada han hendido corazones?
¡Feliz, feliz quien
sufre esas flechas que tus ojos lanzan!
A través de los
cuentos, relatos y apólogos, las generaciones antiguas y
modernas comulgan con inusitado deleite. El cuento, ése gran
género grabado a fuego en el alma oriental, llegó desde la
tradición oral persa a través de Los Mil Cuentos. La
Chirazad persa se transformó en la Scherazada de Las
Mil Noches y Una Noche; y su hermana menor Dinazad,
en Doniazada.
La prosa exquisita,
poética y realista, con raíces culturales en China, Persia,
India, Egipto y Grecia que se encuentra en Las Mil Noches y
Una Noche, posee belleza inenarrable y crudeza limpia y
natural; sus maravillosos relatos la han convertido en el libro
de cuentos más conocido; niños y adultos siguen escuchando
arrobados las aventuras de Simbad el marino, Aladino y la
Lámpara Maravillosa o Alí Babá y los Cuarenta Ladrones. La
poesía también está presente en este monumento literario en el
que se refleja toda el espíritu de Oriente:
¿Qué es su mirada? Fuego
que no quema.
¿Qué es su mejilla? Un
prado de hermosura.
No es el bozo el que lo
cubre: es seda y es aroma.
¿Qué es su boca?
¡Pregunte a quien supiera
en donde está la fuente
de la vida!
Bello, bello y cual
ciervo, corre, juega.
Cintura de ilusión y de
sus labios
gotea la miel cual brota
de la granada abierta.
Toda la obra expresa,
en un estilo popular, lírico, sentimientos de pasión,
refinamiento, crueldad, dolor y lubricidad.
Si toco su cuerpo me
estremezco
y todo mi ser se vuelve
frenético.
¿Ver su cuerpo todo qué
me causará?
La limpidez del agua y
el oro de la luz lo entretejieron.
El hilo conductor de
este enorme compendio de la narrativa oriental es ampliamente
conocido: El Rey Schariar, al descubrir la infidelidad de su
esposa, concluye que no puede existir ninguna mujer fiel, así
que ordena que todos los días le sea entregada una doncella a la
que desposa y a la mañana siguiente, consumado el matrimonio,
ordena decapitar. Cuando quedan ya pocas jóvenes en el reino,
Scherazada, la mayor de las hijas del Gran Visir, que había
leído los Libros, los Anales, las Leyendas, las Historias de
los Reyes Antiguos y de los pueblos pasados, decide salvar
a la ciudad casándose con el Rey y lo hace a pesar de la
oposición paterna. Desde la primera noche y de acuerdo con su
hermana Doniazada, comienza a enlazar historias a cual más
interesantes, interrumpiéndolas al alba y continuando a la noche
siguiente ante la complacencia del Rey, que posterga la
ejecución una y otra vez… hasta que, agotado su ingenio e
imaginación, Scherazada calla ante Schariar que, convencido de
su fidelidad, desiste de matarla. Pero los celos, el sufrimiento
por el amor no correspondido y la traición, no son privativos
del varón:
Después de haber
repletado mi corazón con tu deseo,
te sentaste en él como
en un trono y lo hiciste añicos.
Tú velabas el sueño de
mis ojos, pero ahora te has dormido.
Mis ojos en lágrimas se
deshacían pensando en ti:
tú pensabas en otros
amores.
Hermanas mías, poned en
mi tumba:
Aquí yace una loca
esclava del amor.
En estos poemas,
intercalados en Las Mil Noches y Una Noche, se refleja la
pasión, el enamoramiento, con una intensidad y una belleza tan
contundentes, que siguen conmoviéndonos a pesar de su gran
antigüedad.
Luz de mis ojos, belleza
de gacela:
Si te alejas, me
muero.
Si te acercas, me
embriagas.
Vivo ardiendo y me
extingo.
La salvaje hermosura
del desierto, con su peligrosa fauna y sus noches brillantes,
los objetos considerados más preciosos, todo ello hace de esta
poesía un vivo reflejo del alma árabe. Asombrosas metáforas se
suceden para expresar la admiración ante el ser amado, sea éste
hombre o mujer, en abierto reconocimiento de la capacidad de
amar de ambos sexos.
Cornalinas son sus
labios, si sonríe:
Miel que fluye su
saliva.
sus dientes, collar de
perlas,
sus cabellos en sus
sienes
se enroscan como
alacranes
para morder el corazón
de quien la ama.
De un recorte de sus
uñas fue hecha la Luna creciente
…
Vino con ropaje azul:
era un girón de cielo.
Fijó en mí sus ojos:
eran dos espadas.
Encanto duerme bajo sus
párpados.
Ojos suyos son dos
espadas.
Labios, miel de panal.
Mejillas, un rosal.
Su talle es un bambú.
Bien clavado en la arena.
Más que la Luna alumbra
nuestra senda, si va de noche.
Me fijo en sus pupilas y
me arde su flameo.
Y dos centinelas están
en defensa de su corazón.
Duros como el hierro,
más suaves que el narciso.
*Textos tomados de
Voces de Oriente. Antología de Textos Literarios del Cercano
Oriente, de Ángel María Garibay K. Traducción de Casinos
Assens.
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