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LA ENEIDA, CONCIENCIA DE LA NECESIDAD HISTÓRICA

LA ENEIDA, CONCIENCIA DE LA NECESIDAD HISTÓRICA

Tania Zapata Ortega

En La Eneida, Virgilio expresa el anhelo de legitimidad de una clase social en ascenso que recurre a la epopeya para arraigarse en la tradición y las creencias populares; pero la gran epopeya nacional romana está muy lejos de constituir un poema político de circunstancias; es en cambio la obra cumbre de un auténtico poeta de avasalladora fuerza expresiva; sin ella, la historia de Roma carecería del alto testimonio de este monumento de perennidad clásica.

     Considerando que la obra estaba imperfecta, que era preciso pulir sus versos contrastándolos con la realidad, Virgilio se empeñó en viajar a Grecia; ahí, una insolación afectó irremediablemente su endeble salud. Cuenta la historia que el mantuano, al sentir que su vida estaba a punto de terminar, reclamó el manuscrito de La Eneida para entregarlo al fuego. Nadie le obedeció; hemos de agradecer a Augusto esta decisión. El emperador ordenó la publicación de la obra tal como la dejara el poeta, esto explicaría por qué, a lo largo de sus XII libros, los estudiosos han encontrado algunos versos imperfectos y unos sesenta incompletos.

     El espíritu de Homero se pasea por las páginas del poema; Eneas posee la perseverancia de Ulises y el valor de Aquiles. Al mundo homérico pertenecen también las situaciones, paisajes, descripciones y recursos estilísticos; pero a diferencia del gran rapsoda griego, Virgilio es consciente del valor puramente simbólico y poético de la mitología y la pone al servicio del ideario imperial como fruto de la erudición y la paciencia laboriosa; la épica latina no podía ser de otro modo.

     Después de abandonar a Dido, reina de Cartago, Eneas visita los Campos Elíseos, donde contempla el futuro de Roma; siete años después arriba a Italia. De su unión con Lavinia, heredera del Lacio, nacerá Julus, fundador de Alba y de la casa Julia, de origen divino por descender del hijo de la diosa Venus; para obtener la mano de Lavinia deberá enfrentarse al feroz Turno, rey de los rútulos, quien también la pretende; la epopeya finaliza con la realista descripción de este combate singular:

 

… por más que se esfuerce con valor por hallar camino para salir de aquel trance, le cierra la infernal Furia toda salida. Entonces mil varias ideas se revuelven en su atribulado pensamiento. Tiende la vista a los rútulos y a la ciudad, pero el miedo lo ataja y se estremece al amago de la lanza de Eneas. No discurre cómo escapar, ni se siente con bríos para embestir a su enemigo, ni ve su carro, ni a su hermana, que antes le servía de auriga. Eneas, aprovechándose de su indecisión, con certera mirada vibra contra él su fatal lanza y se la arroja desde lejos con toda su fuerza. Jamás murallas de piedra batidas por ariete crujieron en tal manera; jamás estalló el rayo con tan horrísono estampido. Vuela a semejanza de negro turbión la mortífera lanza, y traspasando los bordes de la loriga y los siete cercos del escudo, se le entra rechinando por mitad del muslo; dobladas las rodillas, cae en tierra herido el gigantesco Turno.

 

     La Eneida está llena de paralelismos: las legendarias batallas de Eneas en el norte de África reflejan las de Roma contra Cartago; las batallas del héroe en suelo italiano representan las luchas civiles para conseguir la unidad de Italia; Dido, pretendiendo retener al troyano, es el paralelo de Cleopatra; la personalidad humana, piadosa y pacificadora de Eneas es la misma que el poeta ensalza en la figura del emperador Augusto.

     Todas las grandes epopeyas han nacido inicialmente como obra colectiva; las grandes civilizaciones sintieron siempre la necesidad de explicar el origen del mundo circundante. Homero narra hechos y describe una sociedad que ya había desaparecido cuando La Iliada y La Odisea quedaron plasmadas con la perfección formal y el estremecedor contenido que han llegado hasta nosotros. Los grandes mitos requieren raíces tan hondas que no pueden ser obra de un solo hombre; por eso La Eneida no debe entenderse como una epopeya primitiva, sino como expresión de la nostalgia individual del mito, que Virgilio reelabora, en uno de los momentos culminantes de la civilización occidental, merced a su profunda erudición, que abreva en los alejandrinos, para “construir” una epopeya tan exitosa que legitima al Imperio Romano.

 

Publicado originalmente en el número 792 de la revista buzos de la noticia el 30 de octubre de 2017.

 

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