EDDA HÁVAMAL, POEMA SAPIENCIAL GERMANO

Tania Zapata Ortega

Los Eddas, poemas anónimos de inspiración pagana, que celebran hechos de los dioses teutónicos, se conservan en documentos datados entre los años 800 y 1150 de nuestra era. A diferencia del Edda Lokasenna, escrito en forma dialogada, en el que los principales dioses del panteón nórdico son insultados por Loki, el irreverente, el antagonista de las divinidades, el contenido del Edda Hávamal (dichos de Hár o Discurso del Altísimo) es ético y filosófico.

    Conservado en el Codex Regius, manuscrito islandés del Siglo XIII, este poema sapiencial tiene como figura central a Odín, el dispensador de la sabiduría, deidad mayor del mundo germánico, y enuncia el código de comportamiento de las tribus nórdicas, su moral, costumbres, modos de vida y su visión del mundo como preceptos prácticos, casi despojados de misticismo, dados por un terrenal Odín a los hombres. El azaroso destino del guerrero, del nómada que exhausto llega a donde la tribu está reunida, la soledad del viajero, la amistad, la virtud de la mujer, la sabiduría, la embriaguez, la fugacidad de la existencia humana, las cosas en que se ha de confiar y las dignas de alabar, la sobrevivencia en el recuerdo de los hijos y de los hombres… en fin, todos los aspectos de la vida de estos antiguos pueblos se reflejan en el Hávamal, del que ahora hemos seleccionado algunos fragmentos.

 

Todos los umbrales, antes de avanzar,

deben mirarse,

deben vigilarse,

pues nunca se sabe qué enemigos

se sientan en los bancos.

 

Fuego necesita el que ha entrado

con las rodillas heladas;

comida y ropas precisa ese hombre

que viajó por las montañas.

 

No es tan buena, como buena dicen que es,

la cerveza para el hombre;

pues menos cuida cuanto más bebe

el hombre sus juicios.

 

Dice estupideces el que nunca calla,

y necias palabras;

la lengua desatada, si no se la refrena,

suele hablar contra sí.

 

El hogar es mejor, aunque sea pequeño,

en casa se es el rey.

 

Joven fui en tiempos, fui por ahí yo sólo

y me perdí en los caminos;

rico me sentí cuando encontré a otro,

es un hombre el gozo de otro.

 

Mejor es la vida que el estar muerto,

siempre es del vivo la vaca;

vi un fuego encendido en casa del rico,

fuera, ante la puerta, un muerto.

 

Un hijo es mejor, aunque nazca tarde,

tras que el hombre muera;

rara vez una lápida se alza en el camino

si no la erigió el hijo.

 

Muere la riqueza, mueren los parientes,

igual morirás tú;

pero la fama no muere nunca

en buena la tiene.

Muere la riqueza, mueren los parientes,

igual morirás tú;

sólo una cosa sé, que nunca muere:

el juicio sobre cada muerto.

 

A un hombre ignorante, si llega a conseguir

riqueza, o placer con una dama,

le crece su arrogancia, mas nunca su saber,

le aumenta aun su necedad.

 

Alabar el día de noche, a la mujer ya incinerada,

a la espada ya probada, a la doncella ya casada,

al hielo ya atravesado, a la cerveza ya bebida.

 

El arco que se quiebra, la llama que arde,

el lobo que aúlla, el cuervo que grazna,

el cerdo que gruñe, el árbol sin raíces,

la ola que crece, la olla que cuece,

El dardo que vuela, la onda que cae,

el hielo de una noche, la serpiente enroscada,

la charla en cama con mujer, o la espada rota,

el juego del oso o un hijo del rey,

El cordero enfermo, el esclavo voluntario,

buenas palabras de völva, el cadáver reciente,

El campo recién sembrado: que en eso nadie crea,

 

Discurso de Loddfáfnir

Te aconsejamos, Loddfáfnir, que tomes el consejo,

te hará bien si lo tomas,

te será bueno, si lo sigues:

 

A un hombre malo nunca dejarás

saber tus desdichas;

porque de malo nunca obtendrás

pago por tu buen deseo.

 

Si un amigo tienes en quien confías

ve a verle a menudo;

pues crecen arbustos y altas hierbas

en senda que nadie pisa.

 

Nunca habrás de discutir

con un simio ignorante;

pues del hombre malo nunca has de obtener

buena recompensa;

pero el hombre bueno puede convertirte

en preciado y alabado.

Es propio de la amistad el que diga cada uno

todo lo que tiene en mientes;

todo es mejor que ser mentiroso;

no es amigo de otro quien siempre le asiente.

 

Empecé así a germinar y a ser sabio

y a crecer y a sentirme bien;

una palabra dio otra, la palabra me llevaba,

un acto dio otro, el acto me llevaba.

Poemas relacionados

Comentarios

Comentarios de la página