DAFNIS Y CLOE, LA NOVELA PASTORIL
Poco sabemos de la vida y obra de Longo (Siglo II), autor de Dafnis y Cloe, obra que lo inmortalizara y que puede considerarse una novela en el sentido moderno del término, aunque este género fuera casi desconocido por los antiguos. Su influencia se reconoce en genios de la talla de Shakespeare, Cervantes, Lope de Vega, Goethe, Saint Pierre, Alonso Pérez, Juan Valera; Ramón Pérez de Ayala, así como en pintores como Corot y en músicos como Morselli, Ravel, Boismortier y Offenbach.
La “novela pastoril” continúa la tradición popular de los narradores influidos por la elegante prosa de los historiadores griegos; pero ya no es mito, epopeya, historia, teatro ni poesía. Más parecida a las pícaras Fábulas milesias recopiladas por Arístides hacia el 100 a.C. y que los oficiales romanos solían llevar en su equipaje, Dafnis y Cloe presenta acusadas diferencias con el resto de las “novelas” de su época; la acción se desarrolla en Lesbos, por lo que algunos han creído que ésta es la patria del autor; las guerras y los conflictos sociales se soslayan, el tono es menor y están casi ausentes las aventuras y hazañas heroicas; se concede mayor relevancia a elementos como el amor, la naturaleza, la religión y la música y la intriga amorosa pasa a ser elemento obligado de toda obra literaria.
Dividida simétricamente en cuatro libros, el argumento es abrumadoramente sencillo: los acaudalados padres de Dafnis lo abandonan en el campo, apenas con algunas prendas que después permitirán su reconocimiento. Una cabra lo amamanta hasta que es hallado por un matrimonio de pastores que lo prohíjan; historia idéntica es la de Cloe, a quien una oveja cría hasta que un matrimonio la encuentra y adopta. Ambos crecen juntos en un ambiente de apacible belleza rústica y entre ellos surge espontáneamente el amor; luego de vencer algunos peligros mínimos y esporádicos, separaciones fugaces y peripecias que más bien sirven de pretexto para exponer la evolución del sentimiento amoroso en ambos jóvenes, su identidad se descubre y sus verdaderos padres deciden casarlos; regresan a la vida rústica pero ya no como los humildes pastores de antaño.
Longo se inspira en la poesía bucólica de Teócrito, cuya influencia puede rastrearse incluso en los nombres de los personajes (Títiro, Amarilis, etc.); el erotismo en Dafnis y Cloe es una dimensión de la naturaleza. Pastores y comerciantes de todas las edades, gente modesta o acaudalada, interactúan con la pareja y contribuyen a su evolución psicológica, como el episodio en que el anciano Filetas, durante la vendimia y mientras los jóvenes se divierten rindiendo culto a las Ninfas y a Pan, se acerca y relata la forma en que Eros, dios omnipresente, cosmogónico y todopoderoso, se le ha hecho visible y, acto seguido, los alecciona:
“Ello es que no hay remedio para el Amor: ni filtro, ni ensalmo, ni manjar con hechizo; no hay más que beso, abrazo y acostarse juntos desnudos”. Filetas, después que los hubo adoctrinado, se fue, recibiendo de ellos algunos quesos y un chivo, al que asomaban ya los pitones. No bien ellos se quedaron solos, y oído entonces el nombre de Amor por vez primera, se apesadumbraron más, y de vuelta a sus chozas comparaban lo que sentían a lo que el viejo había referido. “Padecen los amantes, decían, y padecemos nosotros; no cuidan de sí mismos, como nosotros nos descuidamos; no logran dormir, y nosotros tampoco dormimos; se diría que arden, e idéntico fuego nos abrasa; desean verse, y para vernos ansiamos que llegue el día. Esto, de juro, es amor. Nos amábamos sin saberlo. Pero si esto es amor y somos amados, ¿qué nos falta? ¿Qué nos aflige? ¿Para qué nos buscamos?”.
La sutil pugna entre la ciudad y el campo aporta datos significativos de la existencia de un régimen de gran propiedad agraria en manos una aristocracia terrateniente urbana (a la que pertenecen los padres de Dafnis y Cloe) y una economía basada esencialmente en la agricultura y la ganadería, así como la presencia esporádica del bandidaje y la piratería; pero todo esto se encierra en el planteamiento estético.
A pesar de que todo el ambiente corresponde a un modo de vida pagano, no deja de advertirse un claro afán moralizador, pues la unión sexual de ambos jóvenes no tendrá lugar hasta que la experiencia erótica en los planos teórico y práctico desemboque en el legítimo matrimonio con el que la novela concluye. El erotismo, la sensualidad, no están reñidos con la moral, aunque los trasnochados prejuicios y la miopía intelectual hayan condenado a menudo esta obra, influyendo negativamente en su moderna comprensión y censurando pasajes completos.
Algunos han creído ver en Dafnis y Cloe una alegoría del sincretismo religioso que condujo al monoteísmo; otros más la obra de un sofista, una construcción literaria que emplea conscientemente todas las reglas de la creación para provocar artificialmente el placer estético; una tercera opinión defiende la genialidad de Longo y tiene en Goethe su principal defensor:
“Todo un libro debiera escribirse para encarecer los grandes méritos de esta obra, con plena justicia. Buena costumbre es la de leerla todos los años una vez por lo menos, para aprender siempre algo en ella y poder sentir nuevamente esa sensación de pura belleza”.
Publicado originalmente en el número 786 de la revista buzos de la noticia el 18 de septiembre de 2017.

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