BION DE ESMIRNA
Tania Zapata Ortega
Los idilios bucólicos son poemas breves en los que se pinta una escena campestre, frecuentemente dialogada, entre pastores o campesinos; reciben este nombre de dos voces griegas: idylion, que usualmente se considera diminutivo de eidon, idea o imagen, y por lo tanto es traducible como pequeña imagen, representacioncilla o estampa; y boukolos, toro o buey, pasando a significar todo lo relacionado con pastores, vaqueros o cabreros; así, el término bucólico pasó a denominar todo idilio pastoril. La poesía bucólica alejandrina no nació en el medio rural y no cumple el objetivo de persuadir al lector de abandonar la ciudad e irse a vivir al campo; es más bien una búsqueda espiritual, idealizadora, del amor, la naturaleza, de la vida y corresponde al desarrollo de la antítesis urbe-naturaleza, ciudad-campo.
Los tres grandes poetas bucólicos son Teócrito, Bion y Mosco; poetas provincianos (ninguno de los tres nació en la gran urbe) que llegaron a establecerse por un tiempo en Alejandría, capital cultural de la época junto con las ciudades de Pérgamo, Antioquía, Pella de Macedonia, Samos y Siracusa. Los alejandrinos no vieron los siglos gloriosos de Homero y Hesíodo; en su tiempo comenzaba el declive del vigoroso talento creativo de Atenas. Se caracterizan por disimular su erudición y, sin pedantería ni ostentación, cifrar todo su empeño en producir una poesía contemporánea y delicada. Su verso tiene un ritmo auténtico, aunque su patetismo algo retorico no deja de ser conmovedor.
Bion (120-50 a.C.) nació en Flosa, un pequeño lugar cerca de Esmirna. En su tiempo mereció la fama de ser el mejor poeta bucólico y a este respecto es significativo que Diógenes lo llame poeta mélico, es decir lírico, ya fuese porque en esos tiempos alejandrinos lírica denotara poemas como su Lamento de Adonis o porque el arte de Bion hubiese sido lírico a la vieja usanza. Lamento por Bion, poema anónimo, aporta algunos de los escasos datos de este autor: llama Doria a su poesía, lo vincula con Siracusa e invoca a las musas de Sicilia; esto puede indicar tanto que radicó ahí un tiempo como que cultivó el género bucólico, que se reputaba originario de esta ciudad.
Los bucólicos escribieron en la variedad común o koiné del griego, tipo de lengua oficial basada en el dialecto ateniense, sin la flexibilidad y la belleza en que se expresaron los clásicos pero que ofrece una artificial uniformidad y es apta para todo género de expresión literaria. Este cambio cultural fue definitivo para hablar del “mundo helénico” en lugar de los “griegos”. En esta lengua común se expresaron las aspiraciones políticas y religiosas de los últimos siglos de la era precristiana.
Los bucólicos fueron grandes conocedores de la preceptiva literaria arcaica y la cultivaron hasta llegar al preciosismo, tanto en el contenido mitológico como en el aspecto formal. Haciendo a un lado la gran variedad métrica y estrófica cultivada por los poetas líricos previos y fieles a la tradición, usaron el verso largo denominado hexámetro, metro de la épica antigua, majestuoso y amplio, creado para narrar sucesos. La poesía se transforma al sacar de su contexto original los viejos moldes de la epopeya para tratar temas campestres, amorosos, en los que la mitología es apenas un adorno erudito.
En otras partes del mundo se conservan ejemplos vivos de contiendas poéticas, es el caso de los payadores sudamericanos, los trovadores huastecos, o los copleros mayas, cuya métrica es el cuarteto octosílabo, propio también de otras formas de poesía popular como el romance español o el corrido; pero en la poesía bucólica alejandrina los campesinos se expresan en hexámetros de tan elevada belleza que proporcionan a la obra un ambiente de irrealidad.
Hoy convocamos a esta tribuna a Bion de Esmirna. La presente traducción se debe al poeta mexicano Ignacio Montes de Oca (1840-1921), notable helenista y traductor, quien recibiera de la Arcadia Romana el nombre de Ipandro Acaico.
Idilio V
Si de mis versos place la armonía,
bastan los que hasta ahora
me concedió la musa bienhechora,
a hacer eterna la memoria mía.
Mas si faltos de ritmo y de dulzura,
lastima los oídos su rudeza,
¿a qué afanarme, vate sin ventura,
por alcanzar la fama
a que el cruel destino no me llama?
Si Jove soberano,
o de las parcas la voluble mano,
dos vidas a los hombres concedieran:
una de placer toda y alegría,
otra tan solo de dolor y llanto,
gozar al menos el mortal podría,
tras tanta pena y sufrimiento tanto.
Pero ya que los dioses
una vida nos dieron solamente,
breve en extremo y de miserias llena,
¿a qué bañar en trasudor la frente?
¿A qué pasar los voladores días
de lágrimas cubiertos y de pena,
riquezas viles y caducos bienes
de conseguir ansiosos,
o de ornar ambiciosos
con délficos laureles nuestras sienes?
Echamos al olvido
¡ay! que para morir hemos nacido,
y que implacable el hado
corta vida a los hombres ha asignado.
Publicado originalmente en el número 784 de la revista buzos de la noticia el 4 de septiembre de 2017.

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