BAQUÍLIDES DE CEOS Y EL PAPIRO LONDINENSE

 

Pues la piedra “de toque” revela el oro; mas la excelencia de los hombres

la ponen en evidencia el arte del poeta y la verdad todopoderosa.

 

Las noticias de Baquílides de Ceos (518-467 a.C.) son escasas e imprecisas; para suplir esta falta, los especialistas han reconstruido su biografía a través de su obra. De origen jonio, sobrino de Simónides de Ceos, rival de Píndaro y protegido del tirano Hierón de Siracusa, compone en el dialecto literario de la lírica coral, que no se corresponde con ninguna lengua hablada en la época. La sombra de Píndaro impidió desde la antigüedad la valoración de su poesía, acarreándole injustos comentarios despectivos. Gran parte de su obra conservada está formada por epinicios u odas triunfales, para ensalzar las glorias de los deportistas griegos, pero su poesía tiene una claridad de estilo muy característica; es un poeta más fácil, de estilo claro, equilibrado, elegante y gracioso; destaca sobre todo por su talento narrativo al describir brillantes cuadros llenos de vida, luz y color; se detiene en los pormenores pintorescos de pasajes mitológicos, dando a sus obras unidad estructural indisoluble con abundantes paralelismos y quiasmos, es decir, patrones de lenguaje poético en los que las ideas o frases se repiten en la misma secuencia o en orden inverso; su relato rápido y fluido alterna con la presentación pormenorizada y dramática de las escenas clave. Es notable la profusa adjetivación, el uso de epítetos originales y probablemente inéditos en la literatura griega; en sus poemas, un objeto o persona recibe a menudo no uno, sino dos calificativos.

     Su obra conocida se limitaba a referencias y escolios en citas de eruditos alejandrinos y bizantinos y a su poderosa influencia en poetas latinos de la talla de Tíbulo y Horacio, hasta que en 1897 fueron hallados en Egipto dos rollos de papiro del Siglo I o II, que contenían veinte de sus poemas, un total de mil 70 líneas, y que fueron comprados por el Museo Británico; restos de un fascinante mundo desaparecido, de valor incalculable, pero restos al fin; este hallazgo, al que los filólogos han llamado Papiro londinense permite considerar a Baquílides como enemigo de la guerra, a pesar de haber vivido en el apogeo imperialista de Atenas. En sus poemas aborda temas legendarios  captados en un momento culminante del mito, sin relatar los antecedentes y el desenlace, que eran ampliamente conocidos, logrando un efecto anecdótico que recuerda la decoración de los vasos griegos.

 

Yo, ni tengo vacadas

ni alfombras de la púrpura pintadas;

mas tengo un alma buena,

de dulce paz y de contento llena.

Tengo una dulce musa

que por larga costumbre amarme usa.

Y no de gusto escasos,

añejos vinos en beocios vasos.

 

     Poeta más de talento que de genio, es impecable en su forma y su dicción. A él se atribuye aquella memorable sentencia según la cual “más valiera a los hombres no haber nacido”. En Baquílides abundan las reminiscencias homéricas y las formas heredadas de Esquilo y Frínico, aunque al único poeta que cita explícitamente es a Hesíodo. No se conservan muchos ejemplos del Ditirambo, canción destinada al culto de Diónisos, de ahí el valor incalculable del Papiro londinense, que preservó dos ejemplos de este género, aunque pertenecientes a una etapa muy avanzada; en uno de ellos Teseo, héroe nacional de Atenas, engañado por el rey Minos, se arroja al fondo del mar, donde se encuentra danzando a las Nereidas y Anfítrite le obsequia una capa de púrpura.

 

Los Jóvenes o Teseo (Ditirambo 17)

     Se estremeció el grupo de jóvenes atenienses después que el héroe saltó al mar, y de sus ojos brillantes como lirios vertían lágrimas, pues esperaban onerosa fatalidad. Mas unos delfines, habitantes del mar, llevaban rápidamente al gran Teseo a la mansión de su padre, señor de los caballos… Allí tuvo miedo al ver a las ilustres hijas del dichoso Nereo, pues en sus espléndidos miembros brillaba un resplandor como de fuego y en torno a sus cabellos remolineaban cintas trenzadas en oro; y danzando deleitaban su corazón con húmedos pies. Vio a la querida esposa de su padre, a la venerable diosa de venerables ojos, en sus amables mansiones, Anfítrite; ella lo vistió con túnica purpúrea.

 

     Precursor de la nueva edad, en la que el drama pasa a la primera línea, en el Teseo de Baquílides el director se convierte en personaje que dialoga en canciones con el resto del coro, lo que se considera un antecedente remoto de la primitiva Tragedia ática. Destacó en la composición de Himnos dedicados a los dioses, de los que se conservan algunos en honor a Hécate, Démeter y Perséfone; y Peanes, himnos destinados a Apolo. La estructura de las odas es triádica: las dos primeras partes (estrofa y antistrofa) tienen la misma métrica y probablemente el mismo Hiporquema (melodía asociada a movimientos corporales propios de las danzas griegas) y la tercera (épodo) con un patrón rítmico distinto.

 

Fuentes: Odas y Fragmentos de Baquílides. Introducciones, traducción y notas de Fernando García Romero. Editorial Gredos. Francisco Montes de Oca. Literatura universal y La literatura en sus fuentes. Editorial Porrúa.

 

Publicado originalmente en el número 777 de la revista buzos de la noticia el 17 de julio de 2017.

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