ALEJANDRA, DE LICOFRÓN
Tania Zapata Ortega
Uno de los más sorprendentes poemas de la literatura alejandrina, considerado “el poema oscuro” por antonomasia, es Alejandra, de Licofrón (320-283 a.C.). Son muy escasos los testimonios sobre este autor, el Léxico Suda lo considera originario de Cálcide, ciudad de la isla de Eubea, y probablemente hijo adoptivo del historiador Lico Regio, lo describe como gramático, es decir, filólogo y como uno de los siete autores de tragedias que hacia el año 285 a.C. constituían la llamada “pléyade” de Alejandría. Es un poema de cerca de mil 500 versos yámbicos; no es posible clasificarlo dentro de un género literario determinado porque tiene características épicas, líricas, trágicas, del apólogo e incluso de la historia, típica fusión alejandrina.
Un mensajero lleva a Alejandra (en realidad, Casandra) ante su padre, el rey Príamo; ella, presa de espíritu profético, arroja extensas e intrincadas profecías, llenas de alusiones mitológicas, con audaces metáforas que producen el efecto de un desvarío en el que se traslucen las luchas entre Asia y Europa que no son ya parte del mito.
No se ha podido demostrar la teoría según la cual Alejandra sería una obra destinada a explicar con una profecía Post eventum la conquista de Grecia por Roma y la fusión de ambas culturas y pueblos después del año 197 a.C.; sin embargo, es evidente que Licofrón está imbuido del erudito espíritu de la poesía helenística; alejandrino él, dista muchos siglos del mito y la epopeya y los dioses y héroes no representan ya lo mismo para el hombre de su tiempo. Lejos de cumplir una función profética, Alejandra es el medio para reescribir los viejos relatos adaptándolos al nuevo gusto literario.
El poema está construido con una calculada simetría, en la que sus partes se equilibran casi matemáticamente en un esfuerzo de ordenación formal que contrasta con su contenido caótico; se tiene que sortear el escurridizo juego del mito, las huellas falsas y contradictorias en que se enmascaran los hechos de dioses y héroes que nunca son citados por su propio nombre sino mediante la metáfora y la perífrasis. Curioso es el “bestiario licofróneo”, que incluye al menos los nombres de 61 animales fantásticos.
En la primera parte del poema, la adivina evoca la primera destrucción de Troya a manos de Hércules para salvar a Hersíone atada a una roca:
¡Ay, infeliz nodriza, la incendiada ya en tiempos por los pinos preñados de tropas que mandó el león de las tres noches, al cual las aguzadas mandíbulas del can de Tritón devoraron!
Recuerda la segunda destrucción de Troya para cumplir las profecías, según las cuáles solo podría caer a manos de un descendiente de Éaco:
Lloro dos y tres veces por ti, pues que contemplas de nuevo la violencia de la lanza, el pillaje de tus casas y el fuego que te va a destruir.
Vaticina la caída de Troya, y con ella la muerte de Troilo, Príamo y Héctor, a pesar de todos sus triunfos en la guerra:
Y a muchos campeones y caudillos de la Hélade que botín atesoren con su lanza y henchidos estén de su linaje, tus manos poderosas, vertedoras de sangre y ansiosas de batalla, lacerarán; mas no será menor mi pena cuando gima por siempre sobre tu sepultura;
Profetiza su propia violación a manos de Áyax ante la mirada de Palas Atenea, que no interviene:
Y yo, desventurada, que me negué a las nupcias en esta construcción pétrea que es mi alcoba, sepultando mis miembros en tenebrosa cárcel sin techos ni artesones ni azotea, y que al dios Toreo, Ptoo, Horita de mi lecho aparté por que en él no yaciera como lo deseaba, dispuesta a conservar hasta la más extrema edad mi doncellez como Palas, la diosa Pilatide, la Lafria que de las bodas huye; enloquecida entonces, cual paloma, arrastrada seré por fuerza al nido del buitre de uñas curvas invocando el auxilio de Core.
Convierte en profecía los trabajosos regresos de los guerreros griegos a su patria, como un castigo por la destrucción de Ilión:
Ni aun los que con el tiempo vuelvan a casa alegres encenderán el fuego para cumplir los votos de acción de gracias hechos al Cérdilas larintio.
…
Éstos también padecerán mucho sin volver a sus casas en virtud del castigo divino merecido por sus atrocidades en la toma de Troya.
La tragedia, principalmente la de Esquilo y Eurípides, influyó en algunos aspectos de Alejandra; sin duda alguna Licofrón se inspira en el estilo sibilino de los oráculos, exagerando la grandilocuencia y la audacia expresiva y retorciendo la sintaxis con sorprendentes recursos estilísticos, y llevándonos a un mundo de la más fascinante poesía en el que los viejos mitos se diluyen en meras abstracciones.
Publicado originalmente en el número 782 de la revista buzos de la noticia el 21 de agosto de 2017.

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