ALCUINO DE YORK Y EL RENACIMIENTO CAROLINGIO
Tania Zapata Ortega
El monje benedictino Alcuino de York (735-804), hoy elevado a la categoría de santo católico y anglicano, es la figura más relevante del Renacimiento Carolingio. Jugó un importante papel en el rescate de la historia y la literatura de la antigüedad en la revolución humanística y cultural que recibiera el nombre de Escuela Palatina, de crucial importancia en la legitimación ideológica del imperio del legendario Carlomagno, de quien el poeta sería consejero y una especie de “ministro de instrucción” hasta su muerte. Corre el año 799, el papa León III se ha refugiado para salvar la vida en la corte de Carlomagno, quien recibe una carta del poeta Alcuino en la que éste realiza la justificación que el emperador necesitaba y en la que se esboza claramente una especie de “división de poderes” celestiales y temporales:
Tres personajes han estado hasta hoy en la cúspide de la jerarquía del mundo. El representante de la sublimidad apostólica, vicario del bienaventurado Pedro, príncipe de los apóstoles, de quien ocupa la sede. Lo que le ha ocurrido al actual ocupante de la sede, vuestra bondad se ha encargado de hacérmelo saber. Viene, a continuación, el titular de la dignidad imperial que ejerce el poder secular en la segunda Roma: la noticia es muy conocida, de cómo y de qué impía manera ha sido depuesto el titular de este Imperio, no por extranjeros, sino por los suyos y por sus conciudadanos. Viene en tercer lugar la dignidad real que nuestro Señor Jesucristo os ha reservado para que gobernéis al pueblo cristiano: prevalece sobre las otras dos dignidades, las eclipsa en sabiduría y las sobrepasa. Ahora, sólo en ti se apoyan las Iglesias de Cristo, sólo de ti esperan salvación, de ti vengador de crímenes, guía de los que vagan, consolador de los afligidos, soporte de los buenos…
Alcuino, reclutado inmediatamente por Carlomagno, fundó una importante biblioteca de casi 500 volúmenes en la abadía de San Martín de Tours, donde permaneció de 796 hasta su muerte. Gran admirador de Virgilio, imita sus versos de forma consciente. Su correspondencia personal contiene ricos y variados documentos que permiten asomarse a la civilización de su tiempo y conocer desde adentro la corte imperial y algunas circunstancias de su vida íntima que permiten entender mejor sus poemas de corte homoerótico. Erudito y gran admirador de la cultura griega, en una de sus obras dialogadas pone en boca de Carlomagno la idea de que la sabiduría pagana es patrimonio especial de la humanidad.
Su actividad literaria es prolífica y abarca géneros y materias muy disímiles: filosofía, ortografía, gramática, moral y teología. Intelecto brillante, a él se atribuye un libro de acertijos en latín titulado Problemas para afinar el ingenio de los jóvenes cuyas soluciones van de la aritmética a las pruebas de ingenio y en el que figura el famoso acertijo acerca del hombre que debe cruzar el río a un lobo, una cabra y una col, pero ninguno al mismo tiempo; la amenidad de esta obra la diferencia de los serios tratados matemáticos de la antigüedad griega y permite asomarnos a la vida cotidiana de su tiempo.
Publicado originalmente en el número 811 de la revista buzos de la noticia el 12 de marzo de 2018.

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