LA VALENTÍA ESPARTANA EN LA POESÍA DE TIRTEO
En la misma línea
poética de Calino se halla la poesía de Tirteo, quien vivió en
Esparta a mediados del Siglo VII a. C., en la época de la segunda
guerra mesénica; una leyenda sin fundamento histórico dice que el
poeta era un maestro de escuela cojo que levantó el ánimo de los
lacedemonios con sus cantos guerreros y los llevó a la victoria.
Las elegías de Calino y Tirteo tienen un mismo tema: son cantos de
exhortación al combate, poesía patriótica. Tirteo es el poeta de
la valentía guerrera y se hace portavoz de Esparta en su guerra
contra los mesenios. La belicosidad abandona el terreno del mito y
de la epopeya, pero aprovecha el ideal homérico del heroísmo para
convertirlo en una activa manifestación del amor a la patria, en
una voz que habla en plural y exhorta al combate o a la muerte; el
individuo se funde en un ideal común; y proclama las virtudes
militares como el mayor de los valores humanos. Sus elegías están
versificadas en dialecto jónico, propio del género en toda
Grecia; su estilo es sencillo, austero y natural. Hasta nosotros
han llegado tres elegías; la más famosa es la primera, que
representa animadamente el contraste entre el vencido, convertido
en vagabundo y mendigo, y el valiente hoplita, que emprende con
valor la defensa de la patria aunque ello le cueste la
vida:
Porque es hermoso que
un valiente muera, caído en las primeras filas, luchando por
su patria. Es en cambio la cosa más dolorosa de todas vivir
como un mendigo, abandonando la patria y sus fértiles
campos, errante con la madre querida y el padre anciano y
los hijos aún niños y la esposa legítima. Éste será objeto
de odio para aquéllos a cuyo país llegue cediendo a la
necesidad y a la horrible pobreza; deshonra su linaje,
desmiente su noble rostro y toda infamia y toda vileza van
con él. Por lo tanto, si no hay para un vagabundo ninguna
ayuda ni tampoco respeto, consideración ni compasión,
luchemos valientemente por nuestra tierra y muramos por nuestros
hijos sin ahorrar nuestras vidas. Así pues, oh jóvenes, luchad
unidos y no deis la señal de la huida vergonzosa ni del miedo;
haced grande y fuerte en el pecho vuestro corazón y no tengáis
amor por vuestras vidas cuando lucháis con el enemigo; ni huyáis
abandonando caídos a los de más edad, cuyas rodillas ya no son
ágiles, a los viejos; pues es vergonzoso que, caído en las
primeras filas, yazca en el suelo delante de los jóvenes un hombre
de más edad, de cabeza ya blanca y barba cana, exhalando en el
polvo su alma valerosa… Ea, pues; que cada uno de vosotros
permanezca en su puesto con las piernas bien abiertas, firmemente
apoyado en el suelo con los dos pies, mordiendo el labio con los
dientes.
La tercera elegía
antepone el valor guerrero a todas las otras cualidades humanas:
habilidad en las competiciones, vigor, belleza, riqueza, poder,
elocuencia:
LO EXCELENTE ES
TENER VALOR
No sabría acordarme ni
mencionar a un hombre por su excelencia en la carrera o en la
lucha, aunque tuviera la estatura y la fuerza de los cíclopes o
venciera en la carrera al tracio Boreas o fuera más agraciado de
cuerpo que Titono y más rico que Midas y Ciniras, ni tampoco
aunque fuera un rey más poderoso que Pélope, el hijo de Tántalo, y
tuviera la lengua de miel de Adrasto, ni aunque tuviera la gloria
salvo el valor guerrero; pues no es un valiente en la guerra el
que no ose contemplar la matanza sangrienta y ataque al enemigo
acercándosele. Ésta es la verdadera cualidad excelente, éste es,
entre los hombres, el gremio agonal mejor y más hermoso de lograr
para un joven. Es un bien común para la ciudad y el pueblo todo el
que un guerrero, con las piernas bien abiertas, se mantenga firme
en la vanguardia sin cansancio, se olvide enteramente de la huida
vergonzosa, exponiendo su vida y su corazón sufridor, y enardezca
con sus palabras, acercándosele, al soldado cercano: éste es el
hombre bueno en la guerra. Rápidamente pone en fuga a las furiosas
falanges enemigas y con su ardor contiene la ola del combate. Mas
si cayendo en la vanguardia pierde su vida, dando gloria a su
ciudad, a su pueblo y a su padre herido por delante en muchos
sitios a través del pecho, del abombado escudo y de la coraza, le
lloran tanto los jóvenes como los viejos y toda la ciudad queda
enlutada, llena de penoso dolor; su tumba, sus hijos, los hijos de
sus hijos y su descendencia remota, obtienen honor entre los
hombres: jamás su gloria ni su nombre perecen, sino que aún
estando bajo tierra alcanza la inmortalidad aquél a quien mata el
violento Ares cuando despliega su heroísmo, aguanta a pie firme y
por su patria y por sus hijos. Y si escapa a la Ker de la muerte
que abate por tierra y, triunfador, alcanza la gloria esplendorosa
de la lanza, todos le honran, tanto los jóvenes como los viejos, y
llega a la morada de Hades después de lograr mucha felicidad. De
viejo, es distinguido entre los ciudadanos y nadie osa tratarle
sin respeto o sin justicia; todos, tanto los jóvenes como los de
su edad y los más ancianos, le ceden el asiento. Que todos
intenten llegar con su valor al más alto grado de esta suprema
excelencia, no huyendo de la guerra.
Publicado originalmente
en el número 767 de la revista buzos
de la noticia el 8 de mayo de 2017.
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