LA PSICOLOGÍA FEMENINA EN LAS HEROIDAS, DE OVIDIO
Tania Zapata Ortega
Los Helenistas habían desarrollado ya la epístola erótica, y Ovidio, fiel a una tradición de la que era heredero, compuso entre los años 22 y 15 a. C. las Heroidas, curiosa colección de cartas ficticias de las mujeres de los héroes. Aunque no todas pueden considerarse auténticas, la juez de título se conocen hoy 21 pistolas en versos elegíacos dirigidas a sus amantes por la heroínas de la tradición épica y mítica griega (Penélope a Ulises; Dido a Eneas; Medea a Jasón; Helena a Paris, etc.); los temas pueden reducirse a dos, los males de la ausencia y los celos por sospechadas infidelidades y en ellas se muestra más claramente la influencia de la retórica en el poeta; en este conjunto de poemas se reflejan con gran intensidad y dramatismo los sentimientos de los personajes y demuestra su gran conocimiento del alma femenina, dibujando el perfil psicológico de mujeres de diversas condiciones, edades y estratos sociales; por sus versos asoma, la doncella burlada, la esposa, la amante, la prostituta, la viuda.
Es inevitable que un retrato tan vivo de personajes femeninos en el momento crucial de su historia se convierta al mismo tiempo en un espejo para comprender la sociedad romana en que Ovidio vivió. Las leyes matrimoniales, las costumbres, las ataduras morales y el rol social de la mujer en la época de Augusto se asoman en la Heroidas y los míticos modelos femeninos se convierten en un pretexto para mostrar una realidad distinta, un afán didáctico de presentar las relaciones entre hombres y mujeres, como algo tan antiguo como el mundo.
La Heroidas es una obra de gran belleza formal e ingenio; en ella los personajes femeninos de la epopeya y de la tragedia griegas, se convierten en matronas romanas; sí, este poeta “entiende a las mujeres” o al menos conoce su rol en la sociedad que le tocó vivir. Esta postura estética, esta tendencia a naturalizar desde su poesía el enamoramiento, sus efectos sobre el cuerpo y el alma y a ofrecer a sus lectores “recetas” cortesanas para concitar el amor o curarse de él se desarrolla también en dos de sus obras, El arte de amar y Remedios del amor. Presentamos un fragmento de la carta ficticia en la que Safo llora la ausencia de su amado Faón.
Desde la antigüedad, la poetisa de Lesbos despertaba profunda admiración, por eso no es de extrañar que Ovidio la tuviera como modelo del alma femenina, y le dedicara a estos hermosos versos traducidos, primorosamente a endecasílabo hace más de un siglo por “un mexicano” e impresos por la imprenta de Galván, a cargo de Mariano Arévalo.
Habiéndose ausentado de Lesbos, el joven Faón, a quien amaba la poetisa Safo, temiendo ésta ser despreciada por él, resolvió hacer la prueba del salto al mar desde la roca de Léucades que, según se decía, tenía la eficacia de curar la pasión del amor; pero antes de emprender tan peligrosa curación, quiso tentar el medio más fácil: escribir a su amante, procurando persuadirlo, para que volviese a su amor y a su patria, con todos los argumentos que le sugería su viva cuanto tierna pasión.
Ardo, cual suele arder el campo fértil,
cuyas mieses indómita devora
devastadora llama, cuyo fuego
el Euro furibundo aviva y sopla.
Complacido Faón habita y vive
allá del Etna en la región remota,
y a mí entretanto el corazón me abrasa,
incendio no menor que el que Etna arroja.
De Pirra y de Metimna las doncellas,
ni la turba de Lesbos amadora
me agradan cual un tiempo, ni a mi numen
a cantar dulces versos acaloran.
(…)
Me acuerdo que mis versos algún día
alababas, Faón, cual bellas obras,
y las composiciones de numen
siempre te parecieron ingeniosas.
Ahora ansiara yo ser elocuente,
más ahora el dolor al numen obsta,
y el ingenio que un tiempo me alababas,
mis males acerbísimos embotan.
La musa que otro tiempo me inspiraba
para versificar, está ya sorda:
entorpecióse con la pena el plectro,
y a mi lira el dolor enmudecióla.
¡Lesbianas insulares, o casadas,
o casaderas ya! ¡compatriotas!
cuyos amados nombres celebrados
mil veces fueron por mi musa Eolia:
¡Hermosuras de Lesbos, a quien tanto
amé con la pasión más extremosa!
Ya no a buscar vengáis, cual otro tiempo,
los trinos de mi lira; ya está ronca.
Publicado originalmente en el número 799 de la revista buzos de la noticia el 18 de diciembre de 2017.

Comentarios