GARCILASO DE LA
VEGA nació en la imperial ciudad de
Toledo, en 1503 y murió el 14 de octubre de 1536. Eminente
poeta, gran señor por su familia como por su ingenio, le
correspondió por la elevada alcurnia de su casa el hábito de
la orden de Alcántara. Desde muy joven siguió las banderas
del Emperador Carlos V, mostrando tales bríos y arrestos,
que pronto se distinguió entre todos sus compañeros. Estuvo
en casi todos los grandes hechos de armas de aquel glorioso
reinado, habiéndose lucido particularmente en la defensa de Viena
y en el sitio de Túnez, donde fue herido. Entonces se volvió a
Nápoles, donde a pesar de sus eminentes servicios cayó en
desgracia ante el Emperador, por lo cual fue desterrado a una de
las islas del Danubio, que con tanto donaire había de cantar. Mas
no tardó en volver a la gracia del Emperador, dado que poco
después le acompañaba en su expedición al Piamonte, en cuyo
ejército tenía bajo su mando once banderas de infantería.
Una vez derrotados
los franceses y cuando ya se veían en retirada forzosa, el
Emperador perseguía y daba caza; en esta operación ordenó la toma
de una torre que se hallaba en un lugar cerca de Frejus, donde se
defendían unos cincuenta franceses; Garcilaso fue de los primeros
en subir, cayendo herido de una pedrada en la cabeza; lleváronle
de allí a Niza, donde solo sobrevivió veinte días, muriendo a los
treinta y tres años de edad. El Emperador, indignado por la
pérdida de uno de sus primeros oficiales, que tan joven era y
tanto prometía, hizo pasar a cuchillo a todos aquellos franceses
que le habían muerto. Pero si lo corto de su vida le impidió dar
de sí todo lo que para la gloria de las armas habría podido, no
fue ella tan corta para las letras; ya en vida suya había recibido
el título, que la posteridad le ha confirmado, de Príncipe de
los poetas castellanos. Sus obras eran conocidas de todo el
mundo, y su autoridad tal, que el mismo Cervantes, que no tenía
sobrada propensión al elogio, le consideraba como una de las más
indiscutibles glorias de las letras patrias. Así, cuando el
Licenciado Vidriera se partió para Italia, «los muchos libros que
tenía los redujo a unas Horas de Nuestra Señora y un Garcilaso
sin comento, que en las dos faldriqueras llevaba». Es
decir, que al ingenioso licenciado le era imposible separarse de
su gran poeta favorito. Otros autores han sido más o menos
discutidos, y hasta se les ha negado que fuesen verdaderos poetas,
y solo versificadores hábiles; pero la fama y renombre de
Garcilaso han sido siempre y son de los más puros e indiscutidos.
Es el primero de los poetas líricos castellanos, sin duda alguna,
y representa por sí mismo uno de los géneros más en boga en
nuestra literatura: el género bucólico, en el cultivo del cual
llegó a tal altura que por nadie ha sido alcanzado. Antología
de los mejores poetas castellanos, Rafael Mesa y López.
CUANDO ME PARO A
CONTEMPLAR MI ESTADO
Cuando me paro a
contemplar mi estado
y a ver los pasos
por do me ha traído,
hallo, según por
do anduve perdido,
que a mayor mal
pudiera haber llegado.
Mas cuando del
camino estó olvidado,
a tanto mal no sé
por do he venido;
sé que me acabo,
y más he yo sentido
ver acabar
conmigo mi cuidado.
Yo acabaré, que
me entregué sin arte
a quien sabrá
perderme y acabarme
si ella quisiere,
y aun sabrá querello;
que pues mi
voluntad puede matarme,
la suya, que no
es tanto de mi parte,
pudiendo, ¿qué
hará sino hacello?
OH DULCES PRENDAS
POR MI MAL HALLADAS
¡Oh dulces
prendas por mi mal halladas,
dulces y alegres cuando
Dios quería!
Juntas estáis en la memoria mía,
y con
ella en mi muerte conjuradas.
¿Quién me dijera,
cuando las pasadas
horas en que tanto bien por vos me vía,
que me habíades de ser en algún día
con tan grave dolor
representadas?
Pues en un hora
junto me llevastes
todo el bien que por término me distes,
llevadme junto al mal que me dejastes.
Si no, sospecharé
que me pusistes
en tantos bienes, porque deseastes
verme
morir entre memorias tristes.
EN TANTO QUE DE
ROSA Y AZUCENA
En tanto que de
rosa y azucena
se muestra la
color en vuestro gesto,
y que vuestro
mirar ardiente, honesto,
enciende el
corazón y lo refrena;
y en tanto que el
cabello, que en la vena
del oro se
escogió, con vuelo presto,
por el hermoso
cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve,
esparce y desordena:
coged de vuestra
alegre primavera
el dulce fruto,
antes que el tiempo airado
cubra de nieve la
hermosa cumbre;
marchitará la
rosa el viento helado,
todo lo mudará la
edad ligera
por no hacer
mudanza en su costumbre.
SI PARA REFRENAR
ESTE DESEO
Si para refrenar
este deseo
loco, imposible,
vano, temeroso,
y guarecer de un
mal tan peligroso,
que es darme a
entender yo lo que no creo.
No me aprovecha
verme cual me veo,
o muy aventurado
o muy medroso,
en tanta
confusión que nunca oso
fiar el mal de mí
que lo poseo.
¿Qué me ha de
aprovechar ver la pintura
de aquél que con
las alas derretidas
cayendo, fama y
nombre al mar ha dado,
y la del que su
fuego y su locura
llora entre
aquellas plantas conocidas
apenas en el agua
resfrïado?
A DAFNE YA LOS
BRAZOS LE CRECÍAN
A Dafne ya los
brazos le crecían
y en luengos
ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas
vi que se tornaban
los cabellos
qu’el oro escurecían.
De áspera corteza
se cubrían
los tiernos
miembros que aun bullendo ‘staban;
los blancos pies
en tierra se hincaban
y en torcidas
raíces se volvían.
Aquel que fue la
causa de tal daño,
a fuerza de
llorar, crecer hacía
este árbol, que
con lágrimas regaba.
¡Oh miserable
estado, oh mal tamaño,
que con llorarla
crezca cada día
la causa y la
razón por que lloraba!
ESTOY CONTINUO EN
LÁGRIMAS BAÑADO
Estoy continuo en
lágrimas bañado,
rompiendo el aire siempre con sospiros;
y
más me duele el no osar deciros
que he llegado por vos a tal
estado.
que viéndome do
estoy, y lo que he andado
por el camino
estrecho de seguiros,
si me quiero
tornar para huiros,
desmayo, viendo
atrás lo que he dejado.
Y si quiero subir
a la alta cumbre,
a cada paso
espántanme en la vía,
ejemplos tristes
de los que han caído.
Sobre todo, me
falta ya la lumbre
de la esperanza,
con que andar solía
por la oscura
región de vuestro olvido.
Comentarios