EL REVÓLVER

Tania Zapata Ortega

 

Despierta, Luz, ¿no escuchas cómo en la cocina alguien anda removiendo los cuchillos? Creo que alguien entró… No, no es ningún maldito gato, ya despierta, que se van a llevar todas las cosas… mira, no tengas miedo, debajo del colchón tengo una pistola que Ramón me encargó el otro día, levántate despacito, vamos a sacarla. No, no pasa nada nomás le apuntamos para que le dé miedo y se vaya.

El ruido persiste, ahora están moviendo el estante donde están las ollas grandes. Se escucha cómo arrastran el mueble y, de pronto, un estruendo de peltre desportillado se esparce en el ambiente.

Las dos mujeres avanzan temblando por el corredor y, sin hacer ruido, se acercan a la puerta entreabierta. Un débil hilo luminoso se proyecta desde la sala; ahora el ruido es más claro, alguien arrastra con gran estrépito los muebles y abre todos los cajones y compartimentos, confiado en que la casa está sola.

“Espérate, pues, deja de temblar y ponte detrás de la puerta, mira, sí es un ratero”. El hombre ahora está en la sala, tropieza levemente con los sillones y se detiene un instante. Está seguro que ha escuchado voces, algo como un siseo, pero vuelve a lo suyo, confiado en que no hay nadie en la casa. Sabe que las ancianas anunciaron su viaje hace días, pero ignora que se quedaron una noche más.

 “¿Qué buscas jijoelachingada?”, la voz, enronquecida por el pánico, congela los movimientos del intruso. Mientras Luz le apunta con el arma, Flor enciende las luces de golpe. Sorprendido por la inesperada presencia de las mujeres, el hombre no se ha percatado del óxido que cubre la vieja pistola, pero la anciana sí; toda su atención se concentra ahora en las gruesas escamas que la herrumbre ha formado en el metal.

Las manos del intruso sostienen la vieja licuadora. Es el objeto de mayor valor que ha encontrado en la cocina. En un rincón de la sala están ya envueltos en cobijas la televisión y una grabadora. Vacilando entre el miedo y el coraje, Luz intenta arrebatarle el aparato sin dejar de amagarlo con la vieja pistola, pero en el forcejeo se queda sólo con el cable, mientras el hombre gira sobre sus talones y huye hacia la puerta.

El revólver sale disparado y se impacta en la nuca del fugitivo, Éste duda un segundo y se toca para comprobar que no está herido antes de seguir su carrera. Flor, mientras tanto ya está en el patio, despertando con sus gritos al vecindario. “¡Compadrito Nacho, se metió un ladrón, allá va corriendo! Ayúdenos a alcanzarlo por favor.

“Le digo que corrimos como cinco cuadras, pero no lo alcanzamos, comadre, ¿cómo están ustedes? Sí, es por el susto, es que de momento no se siente… ¡Cómo se le ocurre arrojarle la pistola, qué tal si la hubiera matado con ella?

“¡Pero cómo me va a matar si no sirve la jodida pistolita, está oxidada… antes no nos mataron por atrevidas!”. Luz se ha dejado caer en un sillón, se siente mareada, primero comenzó como un hormigueo y luego un violento temblor le ha aflojado las piernas.

¡Denle trago!, ha dicho alguno y ahora le han hecho empinarse media botella de cañita. Está amaneciendo apenas, pero la calle está llena de vecinos divertidos que cuentan el lance fabuloso en que Luz, pistola en mano, ha sometido a un formidable asaltante. Todos bromean mientras Flor extiende el brazo en demanda de atención: ella también está asustada y no le han dado trago.

En la cocina todo está revuelto y las ollas maltrechas descansan en el suelo. Los sillones patas arriba muestran con indecencia su interior de resortes y esponja. Faltan la licuadora y un juego de cuchillos… en la habitación, el colchón conserva la marca del arma de fuego que ha quedado grabada después de diez meses de estar ahí escondida.

Al mismo tiempo, a media cuadra, el pobre ladrón trata de calmar los violentos latidos en su pecho, mientras se soba el cuello. La licuadora descompuesta está sobre una silla, aparte de unos cuantos utensilios de cocina, es lo único que ha logrado pepenar en la refriega, aparte del tremendo susto que las viejas le han propinado. ¿Quién iba a pensar que estuvieran armadas?

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