EL LIBRO DE LOS REYES, LA EPOPEYA NACIONAL DE PERSIA

Tania Zapata Ortega

Yo no partiré cuando concluya mi vida,

permaneceré en la semilla de la lengua persa

Firdusi

Iniciado por el poeta Dakikhi, que murió asesinado cuando apenas había escrito mil versos, el Shah-Namesh o Libro de los Reyes, es obra del poeta Abul-Qasim Mansour-ibn-Hassan Firdawsi Tousi, mejor conocido como Firdusi (El Paradisiaco), quien naciera en Tus en 941 y muriera en 1020, diez años después de acabar su obra maestra. Es el mayor poema épico jamás compuesto; varias veces más extenso que la Iliada y la Odisea e incluso que el Mahabharata, el Shah-Namesh consta de 60 mil versos dísticos o pareados en los que se recogen, desde la tradición oral del pueblo iranio, más dos mil seiscientos años de historia de Persia, sin que falte nada, desde la mítica explicación de su nacimiento, valiosos preceptos morales, descripciones minuciosas de las guerras de conquista, las hazañas de su héroes legendarios y reales, las dinastías, hasta su conquista por los árabes en el siglo VII d.C., cuya victoria supuso un cambio religioso y cultural al imponer el islam. El respeto de Firdusi por todas las formas de vida se refleja en este fragmento citado por Saadi, otro gran poeta persa:

¿Puedes conciliar el hecho de que tú hayas recibido la vida con el de quitársela a otro?

No hagas daño a una hormiga que arrastra un grano de trigo.

Porque ella también tiene una vida, y aun para la hormiga la vida es dulce.

Obra de prodigiosa riqueza literaria y excepcional profundidad moral refleja el alma de un pueblo pacifista, enemigo de la violencia:

Puesto que nuestra cama será la tierra y nuestra yacija será el ladrillo,

¿para qué plantar hoy un árbol cuya raíz se alimentaría de sangre

y cuyo fruto sería la venganza, cualquiera que fuese el tiempo que hubiera de pasar?

     El profundo amor a la patria, la exaltación del espíritu nacional que se reflejan en este enorme monumento literario, han hecho de él una obra que ha perdurado, tanto en la veneración de los sabios, como en la admiración del pueblo iraní, para quien constituye un poderoso elemento de identidad nacional. El hecho de que fuera redactado intencionalmente en un persa arcaico aun para la época de Firdusi obedece a una intención política: preservar el idioma tal como se hablaba cuando el ruiseñor cantaba en persa puro frente a la influencia del árabe, lengua en la que está escrito El Corán; así, El Libro de los Reyes surgió también como un acto de rebeldía ante los conquistadores. Hay eruditos que sostienen que Persia debe a Firdusi un servicio similar al que Italia debe a Dante Alighieri; que el idioma persa conserva hoy su belleza y sencillez gracias a la obra de El Paradisiaco que escribió magistralmente en una lengua simple y pura.

     El héroe principal de la epopeya es Rustem, un Hércules de la Persia legendaria en cuya cólera algunos ven el antecedente de Aquiles. Las aventuras de Rustem también recuerdan al Sigfrido de Los Nibelungos y al Roldán de la canción de gesta, francesa. En defensa de su Rey, Rustem realiza varios trabajos y mata a Zhorab, su propio hijo, sin reconocerlo:

La historia de Zhorab y Rustem que vais a oir

hará llorar más que ninguna otra historia.

Sentiréis horror contra Rustem

porque mató a Zhorab, naranjo tierno

“Infame, injusto”, gritaréis,

Nunca virtud se empleó en dar muerte.

Si el justo mata, ¿qué no hará el traidor?...

¡Callad y no gimáis!

Que cese el llanto…

Nadie conoce del alma los misterios,

no hay sendero que regrese del no ser

¡en cambio todos llevan a la muerte!

    Desde que el mundo occidental lo descubriera, el Shah-Namesh ha fascinado a poetas y escritores, especialmente a los románticos, apasionados por los milenarios pueblos de Oriente. Como Vyasa, Homero y todos los aedas de la antigüedad, Firdusi no podía existir sino envuelto por la leyenda; cuentan que el Rey Mahmound, entusiasmado por su proyecto, ofreció a Firdusi una moneda de oro a cambio de cada verso de la obra. Treinta y cinco años de su vida empleó en terminar el Libro de los Reyes; entonces envió los inmortales versos al rey, quien ordenó que se le pagara lo acordado; pero los encargados de entregar el oro mandaron a dos esclavos con monedas de plata; el poeta, indignado, donó las monedas a los portadores del mensaje y a los empleados de los baños y se marchó a su pueblo. Años después, al saber que Firdusi vivía enfermo y en la miseria, el rey envió una caravana con fabulosas riquezas, que el poeta ya no pudo recibir:

La caravana entró por la puerta occidental,

con alboroto, júbilo y bulla fenomenal (…)

mas del otro lado, por la puerta oriental

de Tus, en ese mismo instante fatal,

en silencio, una pompa fúnebre salía;

al difunto Firdusi su pueblo despedía.

Heinrich Heine.

 

Poemas relacionados

Comentarios

Comentarios de la página