EL
KÁLEVALA, LA EPOPEYA NACIONAL DE FINLANDIA
Segunda Parte
Tania Zapata
Ortega
A diferencia de otras
epopeyas nacionales, casi ningún episodio del Kálevala recoge
alguna tradición anterior ni adapta anécdotas de otras culturas.
El término héroe no se emplea en un estricto sentido bélico; héroe
es el hombre capaz de salir airoso de las empresas más
arriesgadas. Cada episodio, cada aventura del runoya Wainamoinen,
el herrero Ilmarinen, y el bullicioso Lemmikainen simbolizan otros
tantos aspectos del desarrollo social.
Wainamoinen
decide conseguir nueva esposa e insiste en ir a Pohjola
(Laponia) a solicitar a Madre Louhi una doncella para tal
fin; la anciana le exige que fabrique para ella un sampo
mágico.
Con un plumón de
cisne, leche de una vaca estéril, un grano de cebada y un copo
de lana de una oveja preñada.
Este objeto
simbólico es en realidad un molino con tres funciones, moler
trigo, sal y oro; se trata de un talismán mágico que proporciona
fortuna y prosperidad a quien lo posee; para conseguirlo se
librarán numerosas batallas y representa el poder de producir
riqueza. Ilmarinen, el herrero, es quien construye el mágico
artefacto.
El nuevo sampo comenzó
a dar vueltas y se puso a moler. Comenzó su trabajo al nacer el
día: un cofre molió para ser comido, otro para ser vendido, y
otro para ser guardado.
Cuando
Wainamoinen corteja a la doncella, ésta le impone varias
pruebas, a cual más fantástica, que el héroe va superando
una a una:
Partir a lo largo una
crin de caballo con un cuchillo sin punta; hacer con un huevo un
nudo invisible; sacar de la superficie de una piedra cortezas de
abedul; tallar una afilada estaca en el hielo sin que salten
esquirlas y sin que ninguna de las afiladas astillas caiga al
suelo; construir un barco con las astillas de su huso y botarlo
al agua sin empujarlo con la rodilla, sin tocarlo con las manos,
sin sacudirlo con el brazo, sin dirigirlo con el hombro.
En estas hazañas
que el héroe realiza podemos descubrir el respeto y la admiración
del pueblo finlandés por actividades como la agricultura, la
ganadería, la construcción de herramientas, y la fabricación de
barcos capaces de surcar los mares.
Mientras
construye el navío, Wainamoinen se hiere con el hacha;
mientras se desangra, rompe a cantar, buscando un sortilegio
que lo salve de la muerte, pero ha olvidado las palabras
mágicas para curar la hemorragia y no le queda más remedio
que buscar la ayuda de un anciano que vive a la orilla del
camino y que no consigue curarlo hasta que el runoya le
revela el origen del hierro, es decir, hasta que obtiene el
conocimiento, que este pueblo consideraba sagrado. En otra de
sus aventuras, Wainamoinen, para terminar su barco necesita
conocer tres palabras mágicas; y sólo puede conseguirlas
enfrentando al gigante Antero Wipunen para obligarlo a entonar las
sagradas runas; por supuesto, consigue su objetivo gracias a las
armas que el herrero Ilmarinen ha forjado para esta empresa. En
estas dos aventuras puede apreciarse el indudable respeto que este
pueblo sentía por la sabiduría ancestral, hasta el punto de
justificar los mayores riesgos para conseguirla.
Al herrero Ilmarinen,
por su parte, la anciana de Pohjola le ha impuesto, para
entregarle a su hija, otras tantas tareas fantásticas, que él
cumple satisfactoriamente:
Labrar el campo lleno
de serpientes venenosas sin necesidad de yunta y sin que su reja
tiemble; y pescar el enorme sollo del río Tuoni, en las
profundidades del Manala sin ayuda de una red, ni siquiera una
red de mano.
Otro de los héroes
es el bullicioso Lemmikainen, de hermoso rostro, alegre, joven y
sonriente; conduce los rebaños y cultiva el campo; mujeriego
incorregible, también pretende sin éxito a la doncella de Pohjola
y en un episodio muere emboscado por uno de los hombres de la
anciana Louhi. Su madre lo busca durante mucho tiempo hasta que el
Sol le cuenta que yace en el fondo del río Tuoni, Entonces ella
solicita al herrero que forje un gigantesco rastrillo con el que
peina las aguas hasta encontrar uno a uno todos los pedazos de su
hijo.
De este modo, la madre
de Lemmikainen creó de nuevo al hombre, salvó al héroe
devolviéndole su primitiva vida, su antigua forma, y dijo:
“Levántate ya y acaba de soñar en este lugar cruel, morada de
desdichas”.
Al despertar, la
madre le pregunta si le falta algo y él responde que su corazón se
ha quedado con la doncella de Pohjola. Entonces ella lo reprende y
le dice que deje en paz a la doncella y aprecie la felicidad de la
casa paterna. El joven acepta volver, pero pronto se ve inmerso en
nuevas aventuras, guerreando contra los habitantes de
Laponia.
Fuente: El
Kálevala, la epopeya nacional de Finlandia. Editorial Losada.
2002.
Comentarios