EL CONTENIDO
CLASISTA DE LAS INSTRUCCIONES DE SHURUPPAK
III
A menudo se
considera a Las Instrucciones de Shuruppak como el libro
más antiguo de que se tenga noticia; si no fuera porque no se
trata propiamente de un libro, sino del resultado de una ardua y
minuciosa tarea de reconstrucción filológica de cientos de
tablillas de barro en el que escribieron en caracteres cuneiformes
(en forma de cuña), los antiguos escribas sumerios hace más de
cuatro mil 500 años en los yacimientos arqueológicos de Tell Abu
Salabikh, Nippur y Sippar, todos ubicados en el actual
Irak.
En esta
reliquia literaria, el lector curioso podrá apreciar, más allá del
deseo de Shuruppak de orientar los pasos de su hijo Ziudsura, un
listado de rasgos que permiten caracterizar la vida económica y
social de aquella arcaica civilización: la agricultura y el
pastoreo, la esclavitud y sus diversas manifestaciones; los
límites de las ciudades y la existencia de peligros fuera de las
grandes ciudades amuralladas; la familia patriarcal y los derechos
de primogenitura; la autoridad materna; la propiedad sobre la
tierra; la estructura social de señores y súbditos tributarios; y,
finalmente, la importancia que estos pueblos dieron al
conocimiento fijado en la escritura, única forma de sobrevivir al
tiempo.
Es verdad
que se trata de un monumento literario incompleto, que el
tiempo erosionó numerosos fragmentos y que los estudiosos,
con una ejemplar honestidad académica, suelen colocar signos
auxiliares como comillas, signos de interrogación o puntos
suspensivos ahí donde la traducción o el rescate no fue
posible; pero en esta entrega preferimos eliminar hasta
donde fue posible esos obstáculos con el único propósito de
facilitar la lectura y contribuir de mejor forma a la
divulgación de este imprescindible documento de la
literatura sapiencial.
- Por tercera vez,
Shuruppak dio instrucciones a su hijo. Shuruppak, hijo de Ubara
Tutu, dio instrucciones a su hijo Ziudsura.
- Hijo mío, déjame
darte unas instrucciones: ¡debes prestar atención! Ziudsura,
déjame decirte una palabra: ¡debes prestar atención! ¡No
desoigas mis instrucciones! ¡No quebrantes las palabras que
digo!¡Las instrucciones de un anciano son preciosas; debes
cumplirlas!
-
No golpees al
hijo de un granjero: él ha construido tus terraplenes y
zanjas.
-
No compres una
prostituta: es una boca que muerde.
- No compres un
esclavo nacido en casa: es una hierba que enferma el
estómago.
-
No compres a un
hombre libre: siempre se apoyará contra la pared.
- No compres una
esclava de palacio: siempre será el fondo del barril. Mejor trae
un esclavo extranjero de las montañas, o trae a alguien de un
lugar donde sea un extraño; hijo mío, entonces él verterá agua
para ti donde sale el Sol y caminará delante de ti. No pertenece
a ninguna familia, así que no quiere ir con su familia; no
pertenece a ninguna ciudad, así que no quiere ir a su ciudad. No
puede llamar a la puerta de otro. No será presuntuoso
contigo.
-
Hijo mío, no
viajes solo hacia el este.
-
No pongas un
nombre sobre otro; no debes amontonar una montaña sobre
otra.
-
El destino es
una orilla húmeda; puede hacer que uno resbale.
- El hermano mayor
es, en verdad, como un padre; la hermana mayor es, en verdad,
como una madre. Escucha, por tanto, a tu hermano mayor, y debes
ser obediente a tu hermana mayor como si fuera tu madre.
- No debes trabajar
usando sólo tus ojos; no multiplicarás tus posesiones usando
sólo tu boca.
-
El negligente
arruina a su familia.
-
La necesidad de
comida hace que algunas personas asciendan a las montañas;
también trae traidores y extranjeros, ya que la necesidad de
comida hace bajar a otras personas de las montañas.
- Una ciudad
pequeña provee a su rey de un ternero; una ciudad enorme excava
una parcela para una casa.
-
El pobre
inflige todo tipo de enfermedades al rico. El hombre
casado está bien equipado; el soltero hace su cama en un
pajar. Quien desea destruir una casa, procederá y
destruirá la casa; quien desea levantar, procederá y
levantará.
-
Agarrando el
cuello de un buey enorme, puedes cruzar el río. Avanzando al
lado de los hombres poderosos de tu ciudad, hijo mío,
ciertamente ascenderás.
-
Cuando traes
una esclava de las colinas, trae consigo tanto el bien
como el mal. El bien está en las manos; el mal está en
el corazón. El corazón no suelta el bien; pero el
corazón tampoco puede soltar el mal. Como si fuera un
lugar acuoso, el corazón no abandona el bien. El mal es
un almacén. ¡Que el barco con el mal se hunda en el río!
¡Que su odre se rompa en el desierto!
- Un corazón
amoroso mantiene a una familia; un corazón odioso destruye a una
familia.
-
Tener
autoridad, tener posesiones y ser firme son poderes
divinos principescos. Debes someterte a los respetados;
debes ser humilde ante los poderosos. Hijo mío, entonces
sobrevivirás frente a los malvados.
- No debes elegir
esposa durante un festival. Su interior es ilusorio; su exterior
es ilusorio. La plata que lleva es prestada; el lapislázuli que
lleva es prestado. Las joyas que lleva son prestadas. El vestido
que lleva es prestado, la prenda de lino que lleva es prestada.
Con nada es comparable.
-
No debes
comprar un toro vicioso; (hará) un agujero en el corral
del ganado.
-
Se nombra a una
mujer de confianza para un buen hogar.
- No debes comprar
un asno en tiempo de cosecha. Un asno perverso agacha el
cuello.
-
Una mujer con
su propia hacienda arruina la casa.
- Un borracho
ahogará la cosecha.
-
Una mujer
ladrona vuela hacia las casas como una mosca. Una cerda
amamanta a su cría en la calle. Una mujer que se pinchó
empieza a llorar y sostiene en la mano el huso que la
pinchó. Entra en todas las casas; se asoma a todas las
calles. No deja de decir «¡Fuera!». Mira a su alrededor
desde todos los parapetos. Jadea donde hay una
riña.
-
Nada en
absoluto ha de ser valorado, pero la vida debe ser
dulce. No debes servir a las cosas; las cosas deben
servirte a ti.
-
Hijo mío, no
debes abusar de una oveja; de lo contrario, darás a luz una
hija. No debes arrojar un terrón de tierra al cofre del dinero
de lo contrario, darás a luz un hijo.
- No debes raptar a
una esposa; no debes hacerla llorar.
- ¡Corramos en
círculos, diciendo: «¡Oh, mi pie, oh, mi cuello!». ¡Hagamos con
fuerzas unidas el poderoso arco!
-
Las nodrizas en
los aposentos de las mujeres determinan el destino de su
señor.
-
No debes hablar
con arrogancia a tu madre; eso te causa odio. No debes
cuestionar las palabras de tu madre y de tu dios personal. La
madre, como Utu, da a luz al hombre; el padre, como un dios, lo
ilumina. El padre es como un dios: sus palabras son fidedignas.
Las instrucciones del padre deben ser cumplidas.
- Sin suburbios,
una ciudad tampoco tiene centro.
-
Hijo mío, un
campo situado al pie de los terraplenes, ya esté húmedo o seco,
es sin embargo una fuente de ingresos.
- Es inconcebible
que algo se pierda para siempre.
-
Perderse es
malo para un perro; pero terrible para un hombre. Un
lugar desconocido es terrible; perderse es vergonzoso
para un perro). En el camino desconocido al borde de las
montañas, los dioses de las montañas son devoradores de
hombres. No construyen casas allí como lo hacen los
hombres; no construyen ciudades allí como lo hacen los
hombres.
-
Por el pastor,
dejó de buscar, dejó de traer de vuelta las ovejas. Por el
granjero, dejó de arar el campo.
-
Este don de las
palabras es algo que calma la mente; cuando entra en el palacio,
calma la mente. El don de muchas palabras (como)
estrellas.
-
Éstas son las
instrucciones dadas por Shuruppak, el hijo de Ubara Tutu.
- ¡Alabada sea la
señora que completó las grandes tablillas, la doncella Nisaba,
para que Shuruppak, el hijo de Ubara Tutu, diera sus
instrucciones!
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