PLATON.png

EL ALMA POÉTICA DE PLATÓN

EL ALMA POÉTICA DE PLATÓN

Tania Zapata Ortega

La caída de Atenas cerró el ciclo de la lírica griega; el Siglo IV fue una edad de la prosa, con pocas pero brillantes excepciones. La división en monarquías militares, las conquistas de Alejandro Magno y la prevalencia del régimen autocrático sobre la democracia y la aristocracia repercutieron en ese reflejo de la conciencia social que es la literatura.

El nombre real de Platón (427-347 a.C.) era Aristocles, pero recibió el apodo de “Platón” (ancho de espaldas) de su maestro de gimnasia. Perteneciente a una familia de la nobleza, recibió una esmerada educación; comenzó su carrera como poeta de grandes promesas y en su juventud compuso ditirambos y tragedias, pero la filosofía se llevó consigo aquellos dones. A los 20 años conoció a Sócrates y bajo su influencia quemó todos sus ensayos poéticos; paradójico es que en todas sus obras en prosa se muestre como un poeta de enorme talla. Los escritos de este “antipoeta” están esmaltados de citas poéticas bien seleccionadas, destellantes metáforas indicadoras de una inmensa cultura que va más allá de las obras filosóficas. Renunció a la carrera política, indignado por los excesos de los Treinta y, sobre todo, por la muerte de Sócrates, primer filósofo de importancia de Atenas y el hombre que él consideraba el más justo y más valioso de su tiempo. De Platón se conservan 42 diálogos y 30 cartas, algunos de dudosa autenticidad.

Considerado el creador del diálogo filosófico, cuyo método mayéutico atribuye a su maestro Sócrates. Al igual que muchos de sus condiscípulos, Platón se exilió por muchos años en Sicilia. Vuelto a Atenas hacia 387 a.C., se consagró a la enseñanza de la filosofía, estableciendo su escuela en los jardines de la Academia, que funcionó durante cuatro décadas. Murió en Atenas a la edad de 80 años.

En El Banquete, obra de arte de gran belleza formal, presenta a Apolodor, un amigo de éste, Sócrates, Agatón, Fedro, Pausanias, Eriximaco, Aristófanes y Alcibíades disertando sobre las formas del amor y su relación con los ideales de la vida: el amor y la belleza. Para platón, el amor es el estímulo y el aliento creador de la vida ascendente. El Eros es aquí el camino para crear y captar la belleza; y lo bello queda caracterizado como la representación de la idealidad a través de lo sensible. Planteamientos filosóficos en los que late el alma inmortal de la poesía.

HIMNO DE ALABANZA EN HONOR DEL AMOR (Fragmento)

AGATÓN: Eros es un poeta tan entendido, que convierte en poeta al que quiere; y esto sucede aún cuando sea uno extraño a las Musas, y en el momento en que uno se siente inspirado por Eros; lo cual prueba que Eros es notable en esto de llevar a cabo las obras que son de la competencia de las Musas, porque no se enseña lo que se ignora, como no se da lo que no se tiene (…) en el momento en que este dios nació, del amor a lo bello emanaron todos los bienes sobre los dioses y sobre los hombres. He aquí, Fedro, por qué me parece que Eros es muy bello y muy bueno, y que además comunica a los otros estas mismas ventajas. Terminaré con un himno poético:

            Eros es el que da paz a los hombres, calma a los mares, silencio a los vientos, lecho y sueño a la inquietud. Él es el que aproxima a los hombres y les impide ser extraños los unos a los otros; principio y lazo de toda sociedad, de toda reunión amistosa, preside a las fiestas, a los coros y a los sacrificios. Llena de dulzura y aleja la rudeza; excita la benevolencia e impide el odio. Propicio a los buenos, admirado por los sabios, agradable a los dioses, objeto de emulación para los que no lo conocen aún, tesoro precioso para los que le poseen, padre del lujo, de las delicias, del placer, de los dulces encantos, de los deseos tiernos, de las pasiones; vigila a los buenos y desprecia a los malos. En nuestras penas, en nuestros temores, en nuestros disgustos, en nuestras palabras es nuestro consejero, nuestro sostén y nuestro salvador. En fin, es la gloria de los dioses y de los hombres, el mejor y más precioso maestro, y todo mortal debe seguirle y repetir en su honor los himnos de que él mismo se sirve para derramar la dulzura entre los dioses y entre los hombres. A este dios, ¡oh, Fedro!, consagro este discurso que ha sido ya festivo, ya serio, según me lo ha sugerido mi propio ingenio.

            Cuando Agatón hubo concluido su discurso, todos los presentes aplaudieron y declararon que había hablado de una manera digna del dios y de él.

 

Fuentes: María Edmée Álvarez. La literatura universal a través de autores selectos. Francisco Montes de Oca. La literatura en sus fuentes. Cecil Maurice Bowra. Historia de la literatura griega.

 

Publicado originalmente en el número 778 de la revista buzos de la noticia el 24 de julio de 2017.

Poemas relacionados

Comentarios

Comentarios de la página

Autores