CALINO DE ÉFESO, UN
POETA LÍRICO DE LA ANTIGUA GRECIA
La poesía épica griega
fascinado desde siempre a los estudiosos de la literatura
universal y su conocimiento es indispensable para entender todas
las formas literarias posteriores; después de la poesía homérica,
el teatro griego atrae sobre sí los reflectores del mundo de las
letras, relegando a un tercer plano la poesía lírica, abundante y
exquisito fruto de esta cultura sin igual.
Desde su
nacimiento en Asia Menor, la lírica griega estuvo
íntimamente ligada a la música de flautas y cítaras; la
lengua poética desarrolló al máximo los recursos del ritmo y
la melodía en las composiciones, sometiendo a esta norma las
ideas, los sentimientos y las pasiones. Los principales
géneros fueron la elegía , el
yambo y el melos
. La elegía, originalmente considerada un canto de
tristeza, en realidad trató los más diversos temas y en los tonos
más distintos, buscando una nueva forma expresiva acorde al cambio
en los ideales, abandonando el espíritu épico de las canciones
populares en las que se exaltaba el culto a los dioses y a los
héroes míticos y ensalzando en cambio al terruño, al amor, la
amistad y la brevedad de la vida.
Uno de los
primeros poetas elegíacos fue Calino de Éfeso, quien viviera
hacia la segunda mitad del siglo VII a.C. A Calino le tocó
vivir la invasión de los cimerios, pueblo bárbaro procedente
de Crimea y el sur de Rusia, que hacia el año 675 a. C.
atacara varias ciudades del Asia Menor, entre ellas la
patria del poeta. De él se conservan cuatro fragmentos, tres
de los cuales están dirigidos al dios Zeus rogando por los
efesios:
Compadece a los
Efesios
Acuérdate de si alguna
vez
Quemaron en tu honor
hermosos muslos de buey.
…
Vienen los
cimerios.
Ahora se aproxima el
ejército de los terribles cimerios
El fragmento más
extenso que se ha conservado constituye una exhortación al
combate, animando a los soldados jonios a expulsar a los
extranjeros de la patria. El tono personal no impide al poeta
expresar los valores del heroísmo guerrero, herederos de la
tradición homérica
Alzaos,
guerreros.
¿Hasta cuándo estaréis
así echados?
¿Cuándo tendréis,
muchachos, ánimo de combate?
¿Vergüenza no sentís
ante vuestros vecinos de tan extremo abandono?
¿Confiáis en que es
tiempo de paz cuando ya la guerra arrebata a todo el país?
... Y que cada uno, al
morir, arroje el último dardo.
…
Poesía
patriótica, en ella sobreviven temas y expresiones de la
poesía homérica, pero tras ellos late un impulso distinto;
ya no se cantan las hazañas individuales de unos héroes que
combaten por su propio honor y un botín personal; en el
centro están ahora aquellos que van a exponer su vida por
salvar a la ciudad, a las mujeres y a los niños. Los dioses
ya no inclinan la balanza en la batalla, ni deciden ésta los
caudillos invencibles, favoritos de la divinidad, sino la
voluntad de los soldados que resisten como uno solo al
invasor. Es poesía al servicio de un ideal nacionalista.
Honroso es, en efecto,
y glorioso
que un hombre batalle
por su tierra, sus hijos,
y por su legítima
esposa contra los adversarios.
La muerte vendrá en el
momento
en que la hayan urdido
las Moiras.
Que todos avancen
empuñando la espada
y albergando detrás
del escudo un corazón valeroso,
apenas se trabe el
combate.
Esta arenga a los
guerreros para que luchen por sus hogares y su patria recuerdan a
Héctor en la Iliada; pero ahora el deseo de inmortalidad se funda
en la memoria colectiva, en el pueblo, que no olvidará a quienes
cumplen con su deber.
Porque no está en el
destino de un hombre escapar de la muerte,
ni aunque su estirpe
viniera de dioses.
A menudo rehuye alguno
el combate
y el son de los
dardos, se pone a cubierto,
y en casa le alcanza
la muerte fatal.
Pero ése no va a ser
recordado
ni amado por el
pueblo,
y al otro, si
cae,
lo lamentan el grande
y el pequeño.
Pues a toda la
gente
le invade la
nostalgia
de un bravo que supo
morir.
Y si acaso pervive, es
rival de los héroes,
porque a su paso le
admiran
cual si fuera una
torre del muro.
Hazañas acomete que
valen por muchos,
siendo él solo.
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