CALÍMACO DE CIRENE Y EL MITO DEL HAMBRE INSACIABLE
Tania Zapata Ortega
En el Siglo III, con las conquistas macedónicas, el centro de la vida griega se trasladó a Alejandría y bajo el reinado de los Ptolomeos floreció una poesía culta que recoge la diaria experiencia de las sociedades mas civilizadas. Calímaco de Cirene fue una figura destacada de este movimiento; es comúnmente aceptado que vivió entre 310 y 245 a.C. Artista finísimo, dotado de extraordinaria sensibilidad y elegancia, su erudición le hace emplear términos desusados y tiende a retorcer la sintaxis como recurso literario; prefería escribir obras breves y expresaba con beligerancia su desdén hacia sus rivales, se llamaba a sí mismo “el saltamontes flautista”, poseía un profundo conocimiento de los antiguos autores, de los que toma la sencillez y el tono directo, desplegando su dominio de los detalles geográficos y mitológicos. Encarnó la figura del “poeta docto”, emblema del helenismo y su obra se convirtió en modelo de un nuevo tipo de poesía, ejerciendo un fuerte influjo en la posterior literatura griega y latina.
Autor de más de 800 obras sobre temas históricos y filológicos y cultivador de toda suerte de géneros literarios, desde la tragedia y la epopeya hasta los breves epigramas; sostenía que la época de las grandes creaciones había pasado ya y que la perfección homérica era inimitable; sus Himnos, dedicados a Zeus, Apolo, Ártemis, Delos, Palas y Deméter, ya no poseen carácter religioso o intención ritual, obedecen más a una intención arcaizante, a una vuelta “romántica” a las edades pasadas; no se limita a reescribir los grandes mitos, sino que los destila y refina, deteniéndose en detalles no explorados, ahí donde ningún otro lo había hecho y descubriendo nuevas vetas y simbolismos.
Al focalizar un detalle, una miniatura, Calímaco nos descubre esa diminuta belleza, que siempre estuvo ahí, a la sombra del gran mito. Dos ejemplos de esta actitud innovadora frente a la tradición: En El baño de Palas, el poeta crea una atmósfera de tensión sobrenatural y atrapa un solo instante del mito: cuando la terrible Atenea ciega a Tiresias en castigo por contemplarla mientras se baña desnuda. La Ninfa Cariclo, amiga inseparable de la diosa y madre de Tiresias protesta por la acción; Atenea se justifica y trata de consolarla por la mutilación del hijo otorgándole a éste el don de la adivinación, un eficiente báculo y una larga vida.
En el Himno a Deméter, lejos de reeditar el himno homérico que canta el momento crucial del rapto de Perséfone y el acuerdo con Hades, Calímaco focaliza otro aspecto del mito: la cólera de la diosa de la agricultura contra Erisictón, príncipe de Tesalia castigado por profanar el bosque sagrado de Deméter y talar una vetusta encina donde vivía la ninfa Hamadríade, causando la muerte de ésta. A pesar de todas las advertencias, Erisictón destruye el maravilloso bosque, entonces la diosa encargada de brindar alimentos a los hombres se enfurece y pide al Hambre que se encargue de castigarlo; y Erisictón ya no puede dejar de comer un solo instante:
Al punto le envió un hambre terrible y salvaje,
abrasadora, fortísima; una grave enfermedad lo consumía.
¡Infeliz!, de todo cuanto consumía volvía a tener deseo.
Veinte se afanaban con la comida, doce escanciaban el vino.
Y también junto con Deméter se irritó Dioniso:
que lo mismo ofende a Dioniso lo que a Deméter ofende.
Erisictón dilapida su fortuna y la de sus padres, vende sus bienes, vaga por las calles alimentándose de sobras y basura y finalmente el hambre lo obliga a devorarse a sí mismo.
En lo hondo de la morada luego, banqueteando todo el día,
comía todo en cantidades inmensas. Su abominable estómago se hinchaba
cuanto más iba comiendo, y como en las profundidades del mar
caían todos los alimentos, para nada, sin ningún provecho.
…
Mientras en la casa de Tríopas riquezas quedaban,
solo las domésticas estancias conocían la desgracia.
Mas cuando aquellos dientes hubieron secado las despensas de la casa,
entonces el hijo del rey se aposentó en las encrucijadas,
suplicando un bocado y los desperdicios, despreciados, del banquete.
No es casual que el poeta se detenga en este aspecto del mito. Visionario, se sabe en el umbral de una nueva era. La fuerza innovadora, casi caníbal del Himno a Deméter, el hambre insaciable de Erisictón, castigo por su falta de respeto a la naturaleza anuncia, más de dos mil años antes, la voracidad capitalista que está llevando al planeta entero a un extremo de agotamiento del que difícilmente podrá recuperarse. El hambre que consume a Erisictón, la maldición que lo obliga a devorarse a sí mismo, hoy encarna en el insaciable afán de lucro que destruye a la naturaleza y al hombre mismo. Desde el umbral del mundo moderno, Calímaco parece atisbar nuestro presente.
Fuentes: Cecil Maurice Bowra. Historia de la literatura griega. Martín de Riquer. Historia de la Literatura universal. Blog El Festín de Homero, traducciones de José B. Torres Guerra.
Publicado originalmente en el número 779 de la revista buzos de la noticia el 31 de julio de 2017.

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