ANACREONTE, “EL POETA DE LOS BANQUETES”
Escasos fragmentos se
han conservado de la poesía de Anacreonte (460 - 475 a. C.), pues
las conocidas “odas anacreónticas” son imitaciones tardías de su
estilo y de sus temas predilectos. Anacreonte fue un poeta cuya
vida transcurrió en las cortes de príncipes y tiranos a los que
alegraba en los ratos de ocio o en los festines con la recitación
de sus poemas, algo así como un juglar medieval. Su poesía
desenfadada y graciosa canta al amor y al vino con alegría y
elemental sensualidad, y sólo tiene algún atisbo de gravedad
cuando lamenta que su vejez ya no le permite disfrutar de los
placeres. Se le ha llamado “el poeta de los banquetes”, sin
embargo, su aparente rechazo de los asuntos políticos es en
realidad una postura estética, como se demuestra en el siguiente
poema, en el que declara su predilección por el vino en lugar de
ir a la guerra en busca de gloria y riquezas.
DEL VINO
Cuando me asalta
Baco
no hay cuidado que
vele,
ni al mismo Creso
estimo
con todos sus
haberes.
Luego la dulce
Musa
me coge de
repente,
y me fabrica
versos
para cantar
alegre.
Tras esto, con la
hiedra
ceñidas ambas
sienes,
las cosas todas
huello,
por más que se
veneren.
Corra el otro a las
armas
cargado de
paveses,
que yo tan solo al
vino
correré
diligente.
Por eso tú,
muchacho,
echa vino y sé
breve,
que más quiero
asomarme
que morir de
repente.
A menudo se caracteriza
a este poeta como un viejo a quien la experiencia de la vida ha
hecho adoptar una actitud entre escéptica y sonriente.
Amor, el de la dorada
cabellera,
me tira una roja
manzana
y me incita a jugar
con una moza
de sandalias
bordadas;
pero ella –que ha
nacido en la bien edificada Lesbos–
desprecia mis cabellos
blancos
y suspira por
otro.
El amor, la vejez, o la
muerte constituyen para Anacreonte un motivo de reflexión interna;
pero trata estos temas de un modo indulgente y superficial; y si
nota que pueden llevarle a graves cavilaciones recomienda
ahogarlas con un buen vaso de vino.
DEL BEBER
Bebe la tierra
fértil
y a la tierra las
plantas,
y las aguas a los
vientos,
los soles a las
aguas,
y a los soles las
lunas
y las estrellas
claras.
¿Pues por qué la
bebida
me vedáis,
camaradas?
Son sus versos de un
depurado erotismo, en el que el sufrimiento no tiene lugar.
Ejemplo de ello son La paloma, El amor picado por la
abeja y
EL AMOR MOJADO
Era la media
noche;
en el sereno
cielo
la Osa revolvía
su giro hacie el
Boyero.
Yacían los
mortales
en un profundo
sueño,
cuando el Amor mis
puertas
golpea con
estrépito.
¿Quién llama –grito– y
quiere
turbar mi dulce
sueño?
–Un niño soy–
responde;
abre; no tengas
miedo.
Mojado estoy; no hay
luna,
y en las sombras me
pierdo.
Compadecíme
oyéndolo.
Abro, y un niño
helado
Con arco y carcaj
veo.
Le hago entrar, y a la
lumbre
junto al hogar lo
siento.
Sus manos
yertecitas
entre las mías
templo,
y enjugo
cariñoso
sus húmedos
cabellos.
Él, desechado el
frío,
–Dame el arco;
veremos
–Me dice– si el
relente
daño a la cuerda ha
hecho.
La tiende y me
dispara
un dardo tan
certero,
que, cual rabioso
tábano,
me da en medio del
pecho.
Ríe entonces, y
brinca,
y diz:
–Congratulémonos,
huésped; mi arco está
sano,
pero tu pecho
enfermo.
Publicado originalmente
en el número 772 de la revista buzos
de la noticia el 12 de junio de 2017.
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