ALCEO DE MITILENE Y LA POESÍA YÁMBICA

Los poetas elegíacos y yámbicos de la antigua Grecia se ocuparon de asuntos y temas relacionados con la sociedad: Calino de Éfeso y Tirteo enzalsan en el heroísmo del guerrero en la defensa de la patria y la valentía espartana; Solón de Atenas consideró la poesía como un instrumento político de educación del ciudadano; Mimnermo de Colofón canta el amor, los placeres y la juventud en actitud hedonista; Arquíloco de Paros rompe con los convencionalismos sociales de la moral aristocrática; Teognis de Mégara traslada a sus versos una inconforme actitud política, defendiendo los antiguos valores de la aristocracia griega y oponiéndolos a la tiranía; y la poesía desenfadada y graciosa de Anacreonte canta al amor y el vino con alegría y elemental sensualidad.

     El eólico fue el dialecto propio de la poesía mélica monódica, que pronto se extendió a toda Grecia; es el tipo más subjetivo de la lírica griega; el melos constituye la expresión de pasiones y afectos personales, desligado de toda intención moralizante o crítica; la vida interior del poeta irrumpe por primera vez de un modo consciente y artísticamente laborado en un género de composiciones de gran variedad estrófica. Entre los poetas médicos destaca Alceo de Mitilene; su poesía es enteramente personal, en ella los problemas morales, políticos, sociales o didácticos ceden el sitio al mundo interior, a los sentimientos más profundos e individuales; esta nueva temática va necesariamente de la mano con un cambio en la forma poética mediante la unión del sonido y el sentido de las palabras.

     Se le considera el creador de la estrofa alcaica, llamada así en su honor. A diferencia de la elegía y el yambo, la estructura de los poemas era estrófica y sus combinaciones rítmicas de tan extraordinaria variedad hace más difícil el trabajo de trasladar a otra lengua lo más etéreo e impalpable del melos, nacido en la isla de Lesbos hacia el final del Siglo VII y principios del VI a. C. y donde alcanzó también su perfección.

     Alceo nació en 630 a. C. en Mitilene, la principal ciudad de la isla de Lesbos; su legado, como el de la mayoría de los líricos griegos arcaicos, se ha conservado muy fragmentariamente. Miembro de la clase aristocrática gobernante de Mitilene, a lo largo de su vida se vio inmerso en conflictos políticos y disputas internas. Por combatir a los tiranos advenedizos se vio obligado a pasar mucho tiempo en el exilio; en su poesía expresa las emociones que lo embargan, plasmadas en admirables alegorías telúricas que dan cuenta de su destreza como poeta.

 

No entiendo la querella de los vientos:

viene una ola rodando de este lado

y de ése, otra, y nosotros en medio

somos llevados con la negra nave

en la gran tempestad, entre horribles esfuerzos;

pues llega el agua al pie del mástil

y ya todo el velamen se ha rasgado

y jirones enormes cuelgan de él.

Ceden las anclas, y el timón…

Me sujeto a las Jarcias por los pies:

tan solo esto me mantiene a salvo…

… La carga hinchada por la borda…

 

 

     Opacado por la fama de su contemporánea zafó, a menudo se le ha considerado un poeta menor; nada más lejos de la verdad. Su obra es un sincero reflejo de su vida turbulenta, en ella no podían estar ausentes los problemas internos y las amenazas externas contra su patria; aristócrata intransigente que se debatió entre la tiranía y la democracia, expresó inversos virulento sus amores, sufrimientos y odios.

 

Vivo una vida simple, ay de mí,

en un destino rústico

queriendo oír rumores de asamblea

y de consejo, oh Agesilaidas,

de lo que tuvo mi padre, y el padre de mi padre,

mientras envejecían entre estos ciudadanos

malos unos con otros;

me han echado

y huyo hasta este confín, como Onimacles,

hasta este sitio, guarida de lobos,

lejos de la pantalla,

que no es lo más acorde con el fuerte

abandonar la sedición.

Y así el recinto de los venturados diose

… ando sobre la negra tierra

… con estas…

     Pero lo más propio de su creación y donde mejor se expresa su temperamento apasionado es en las canciones básicas y sensuales que hablaban los placeres de los sentidos y el reposo del alma.

 

Bebamos, no esperemos las candelas, le resta un dedo al día.

Alza en alto las grandes y decoradas copas, buen amigo,

pues el vino a los hombres se lo dio el hijo de Sémele y Zeus

para olvido de penas. Mezcla una parte junto con dos partes

y escáncialo hasta el borde, y que una copa empuje a otra.

 

Publicado originalmente en el número 773 de la revista buzos de la noticia el 19 de junio de 2017.

 

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