La poesía en Las Mil Noches y Una Noche *

¿Sabes decir cuántas son las víctimas de tus ojos?

¿Sabes cuántos dardos de tu mirada han hendido corazones?

¡Feliz, feliz quien sufre esas flechas que tus ojos lanzan!

A través de los cuentos, relatos y apólogos, las generaciones antiguas y modernas comulgan con inusitado deleite. El cuento, ése gran género grabado a fuego en el alma oriental, llegó desde la tradición oral persa a través de Los Mil Cuentos. La Chirazad persa se transformó en la Scherazada de Las Mil Noches y Una Noche; y su hermana menor Dinazad, en Doniazada.

La prosa exquisita, poética y realista, con raíces culturales en China, Persia, India, Egipto y Grecia que se encuentra en Las Mil Noches y Una Noche, posee belleza inenarrable y crudeza limpia y natural; sus maravillosos relatos la han convertido en el libro de cuentos más conocido; niños y adultos siguen escuchando arrobados las aventuras de Simbad el marino, Aladino y la Lámpara Maravillosa o Alí Babá y los Cuarenta Ladrones. La poesía también está presente en este monumento literario en el que se refleja toda el espíritu de Oriente:

¿Qué es su mirada? Fuego que no quema.

¿Qué es su mejilla? Un prado de hermosura.

No es el bozo el que lo cubre: es seda y es aroma.

¿Qué es su boca? ¡Pregunte a quien supiera

en donde está la fuente de la vida!

Bello, bello y cual ciervo, corre, juega.

Cintura de ilusión y de sus labios

gotea la miel cual brota de la granada abierta.

Toda la obra expresa, en un estilo popular, lírico, sentimientos de pasión, refinamiento, crueldad, dolor y lubricidad.

Si toco su cuerpo me estremezco

y todo mi ser se vuelve frenético.

¿Ver su cuerpo todo qué me causará?

La limpidez del agua y el oro de la luz lo entretejieron.

El hilo conductor de este enorme compendio de la narrativa oriental es ampliamente conocido: El Rey Schariar, al descubrir la infidelidad de su esposa, concluye que no puede existir ninguna mujer fiel, así que ordena que todos los días le sea entregada una doncella a la que desposa y a la mañana siguiente, consumado el matrimonio, ordena decapitar. Cuando quedan ya pocas jóvenes en el reino, Scherazada, la mayor de las hijas del Gran Visir, que había leído los Libros, los Anales, las Leyendas, las Historias de los Reyes Antiguos y de los pueblos pasados, decide salvar a la ciudad casándose con el Rey y lo hace a pesar de la oposición paterna. Desde la primera noche y de acuerdo con su hermana Doniazada, comienza a enlazar historias a cual más interesantes, interrumpiéndolas al alba y continuando a la noche siguiente ante la complacencia del Rey que posterga la ejecución una y otra vez… Hasta que, agotado su ingenio e imaginación, Scherazada calla ante Schariar que, convencido de su fidelidad, desiste de matarla. Pero los celos, el sufrimiento por el amor no correspondido y la traición, no son privativos del varón:

Después de haber repletado mi corazón con tu deseo,

te sentaste en él como en un trono y lo hiciste añicos.

Tú velabas el sueño de mis ojos, pero ahora te has dormido.

Mis ojos en lágrimas se deshacían pensando en ti:

tú pensabas en otros amores.

Hermanas mías, poned en mi tumba:

Aquí yace una loca esclava del amor.

En estos poemas, intercalados en Las Mil Noches y Una Noche, se refleja la pasión, el enamoramiento, con una intensidad y una belleza tan contundentes, que siguen conmoviéndonos a pesar de su gran antigüedad.

Luz de mis ojos, belleza de gacela:

Si te alejas, me muero.

Si te acercas, me embriagas.

Vivo ardiendo y me extingo.

La salvaje hermosura del desierto, con su peligrosa fauna y sus noches brillantes, los objetos considerados más preciosos, todo ello hace de esta poesía un vivo reflejo del alma árabe. Asombrosas metáforas se suceden para expresar la admiración ante el ser amado, sea éste hombre o mujer, en abierto reconocimiento de la capacidad de amar de ambos sexos.

Cornalinas son sus labios, si sonríe:

Miel que fluye su saliva.

sus dientes, collar de perlas,

sus cabellos en sus sienes

se enroscan como alacranes

para morder el corazón de quien la ama.

De un recorte de sus uñas fue hecha la luna creciente

Vino con ropaje azul: era un girón de cielo.

Fijó en mi sus ojos: eran dos espadas.

Encanto duerme bajo sus párpados.

Ojos suyos son dos espadas.

Labios, miel de panal. Mejillas, un rosal.

Su talle es un bambú. Bien clavado en la arena.

Más que la luna alumbra nuestra senda, si va de noche.

Me fijo en sus pupilas y me arde su flameo.

Y dos centinelas están en defensa de su corazón.

Duros como el hierro, más suaves que el narciso.

 

*Textos tomados de Voces de Oriente. Antología de Textos Literarios del Cercano Oriente, de  Ángel María Garibay K. Traducción de Casinos Assens.

 

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