LA
INDIA, FUENTE DE LA POESÍA MODERNA
Tania
Zapata Ortega
La
literatura de La India es una de las más antiguas del mundo
y, sin duda, antecedente de innumerables monumentos
literarios. Es innegable que muchas culturas de la
antigüedad se influyeron recíprocamente; sus lazos y las
condiciones en que interactuaron pueblos alejados
geográficamente se pierden en la noche de los tiempos; a
pesar de ello, existen pruebas de que la cultura moderna es
depositaria del milenario legado hindú, preservado, por
citar solamente los documentos más famosos, los
Vedas, las Upanishadas, los Puranas,
las Leyes de Manú y sus dos grandes epopeyas: El
Ramayana y El Mahabarata; ambos poemas épicos,
atribuidos respectivamente a Valmiki y a Vyasa (cuyo nombre
significa “el compilador”), no pueden ser sino obra
colectiva del pueblo hindú y reflejan su historia,
cosmovisión, filosofía y moral, como todos los grandes
momentos literarios de la antigüedad, incluyendo los libros
sagrados de las grandes religiones del mundo. Pocas culturas
han sido tan mixtificadas y distorsionadas como la hindú,
usada hoy como una alternativa “novedosa” ante el desgaste
de los grandes sistemas monoteístas.
Todas
las criaturas que me han ofendido quedarán anegadas en siete
días por un Diluvio; pero tú te salvarás en un Arca
milagrosamente construida. Así, toma siete varones justos
con sus mujeres y parejas de todos los animales y entra en
el Arca sin temor, que entonces verás el Dios y obtendrán
respuestas todas tus preguntas…
Este
texto no corresponde al libro sagrado de los hebreos; está
tomado del Bhagavata Purana, colección de textos
religiosos, en el Yajur-Veda, que data de 1500 o 400
a.C. Matsia, manifestación de Vishnú, agradecido con el Rey
Manú por haberlo ayudado a crecer cuando era un pequeño pez,
lo previene de un inminente diluvio y le aconseja construir
un gran barco para salvar no sólo a su familia sino a todos
los seres vivientes de la tierra, poniéndolos a salvo
durante la tempestad. Este mito, recurrente en varias
culturas de la antigüedad, sustenta la hipótesis de que una
o varias inundaciones destruyeron en algún momento su mundo
conocido y los sobrevivientes atribuyeron la catástrofe a la
cólera y al castigo divino.
La
naturaleza exuberante y fecunda del extenso territorio de
La India, cercado por los ríos Ganges, Indo y Brahmaputra y
por el Golfo de Bengala y el Mar de Omán, produjo en sus
pobladores el asombro, la admiración y el terror ante la
furia de los elementos naturales. Para explicar su mundo
crearon una religión politeísta en la que dioses, héroes y
demonios representaban las fuerzas materiales y luchaban
para imponer su dominio. El argumento central del
Ramayana son las hazañas de Rama, quien se ve
obligado a sobrevivir a su destierro en la selva, acompañado
de su esposa Sita, a quien rescata heroicamente de las
garras de un demonio que la ha raptado. Particularmente
emotivo es el siguiente fragmento en el que Sita pide a su
esposo que la lleve con él; en el texto se traslucen los
roles masculino y femenino y los valores aceptados por la
sociedad Hindú en el siglo III a.C.
Sita
quiere acompañar a Rama al destierro
Si
partes ahora, ¡oh descendiente de Raghú!, para la selva
infranqueable, caminaré delante de ti, pisando las espinas
de hierba kusa ¡Desecha la envidia y la cólera como se
desecha el agua que queda después de haber bebido, y
llévame, ¡oh, héroe!, con toda confianza! No hay en ello
ningún mal para mí. Bajo las bóvedas del palacio, en los
carros, en el surco de los pájaros, donde quiera que se
encuentre, la sombra de los pies de un esposo tiene
primacía. He sido instruida por mi madre y por mi padre en
muchas cuestiones; no necesito ahora que me digan cuál ha de
ser mi conducta. Iré en la selva infranqueable, desierta de
hombres, llena de bestias de todas clases, frecuentada por
tigres. Viviré feliz en la selva como en la casa de mi
padre, sin preocuparme por los tres mundos y sólo atendiendo
a mi única ley de esposa. Siempre obediente, sumisa, casta,
tú serás mi placer ¡oh héroe!, en los bosques de suaves
perfumes (…) Iré a la selva infranqueable, poblada de
gacelas, de monos y de elefantes. En ella moraré como en la
casa de mi padre, acurrucándome a tus pies, complaciente. Mi
corazón, enamorado de su señor, no alberga otro sentimiento,
y si he de vivir separada de ti, estoy dispuesta a morir.
¡Llévame, atiende a mi ruego, no seré una carga para
ti!
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