LA EPOPEYA DE GILGAMESH

Tania Zapata Ortega

La tradición oral permitió conservar antiguas manifestaciones literarias a través de innumerables generaciones; sólo una parte de este increíble tesoro cultural fue rescatado gracias a la invención de la escritura cuneiforme. Los poemas épicos narran acciones memorables y de interés para una nación o para la humanidad, manifestando el espíritu de todo un pueblo. Las Tablas de Arcilla de Nínive permitieron que la Epopeya de Gilgamesh llegara hasta nosotros; a pesar de su registro tardío y de su propósito de ensalzar a dioses y gobernantes, este monumento de la literatura mesopotámica deja entrever elementos propios de una sociedad con una estructura anterior a la que preservó la obra; en este poema épico se narran las hazañas de un héroe legendario, antiguo rey de Uruk, que simboliza la fuerza, la belleza y la sabiduría masculinas:

Tres de sus partes son de un dios

Un tercio es de hombre.

Nadie puede rivalizar con la forma de su cuerpo…

Todo lo ha visto

aún hasta las extremidades de la tierra,

todo lo ha sufrido

y aprendió a conocerlo todo.

Ha ahondado todos los secretos

al través del manto de sabiduría que los envuelve a todos.

 

Las aventuras del protagonista, rescatadas del olvido hacia 2600 a.n.e., permiten reconocer el origen de antiguos mitos incorporados como propios por culturas posteriores. Las peripecias por las que atraviesa Gilgamesh inspiraron relatos como los trabajos de Hércules y las hazañas de Prometeo. En un episodio de la obra, las deidades babilónicas deciden destruir a la humanidad con un diluvio, pero una de ellas decide salvar a una parte de los hombres y aconseja a Utnapishtim El Lejano que construya un arca; éste es un antecedente de la historia de Noé y el dios hebreo.

En el Monte Nisir el barco se detuvo.

El Monte Nisir mantuvo sujeta la nave,

Impidiéndole el movimiento,

Al llegar el séptimo día, envié y solté una paloma.

La paloma se fue, pero regresó;

puesto que no había descansadero visible, volvió.

Entonces envié y solté una golondrina.

la golondrina se fue, pero regresó; puesto que

no había descansadero visible, volvió.

Después envié y solté un cuervo.

El cuervo se fue y, viendo que las aguas habían disminuido,

come, se cierne, grazna y no regresa.

Entonces dejé salir todo a los cuatro vientos.

Y ofrecí un sacrificio.

Después de realizar verdaderas proezas en bien de la ciudad, construyendo palacios, puertas y murallas, y a pesar de sus cualidades casi sobrehumanas, no toda la sociedad aprueba el gobierno de Gilgamesh:

Gilgamesh no deja el hijo a su padre;

día y noche es desenfrenada su arrogancia.

¿Es éste Gilgamesh, el pastor de la amurallada Uruk?

¿Es éste nuestro pastor, osado, majestuoso, sabio?

Gilgamesh no deja la doncella a su madre,

¡La hija de guerrero, la esposa del noble!

E l episodio en el que la diosa Ishtar queda prendada del héroe y le requiere, parece demostrar que la historia de Gilgamesh se remonta a una etapa anterior al esclavismo. Al rechazarla, Gilgamesh refiere la crueldad con que ella ha tratado a todos sus amantes. Rechazada, la diosa acude a sus padres clamando venganza, pero no obtiene, al menos de momento, la autorización para destruir al héroe. La conducta vengativa de la diosa Ishtar, cuyo poder va en descenso, sugiere que el culto a las deidades femeninas iba perdiendo fuerza en la época y refleja la transición de la comunidad primitiva al esclavismo. Ishtar es el antecedente de la consorte del Zeus griego:

La gloriosa Ishtar levantó un ojo ante la belleza de Gilgamesh:

¡Ven, Gilgamesh, sé tú mi amante! Concédeme tu fruto.

Serás mi marido y yo seré tu mujer.

Enjaezaré para ti un carro de lapislázuli y oro,

cuyas ruedas son áureas y cuyas astas son de bronce.

(…)

Gilgamesh abrió la boca para hablar, diciendo a la gloriosa Ishtar:

¿Qué daré a ti para que pueda tomarte en matrimonio?

¿Te daré aceite para el cuerpo y vestidos?

¿Daré pan y vituallas?

¿A cuál amante amaste siempre?

¿Cuál de tus pastores plugo a ti constantemente?

Para Tammuz, el amante de tu juventud,

Has ordenado llantos año tras año.

Habiendo amado al pintado pájaro pastor,

le lastimas, rompiendo su ala.

Después amaste a un león, perfecto en fuerza;

siete hoyas y siete cavaste contra él.

Luego a un garañón amaste, famoso en la batalla;

el látigo, el acicate y la brida ordenaste para él.

(…)

Si me amas, me tratarás como a ellos.

 

Fuente: Biblioteca Digital. Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa ILCE

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