VESTIGIOS DE LA
POLIANDRIA EN EL MAHABARATA
Tania Zapata
Ortega
La monogamia,
estructura familiar que predomina hoy en casi todo el mundo, es
producto de un desarrollo histórico milenario, pero existen
pruebas de la existencia de formas anteriores de organización
familiar; en la literatura de la antigua India existe evidencia de
ello; El Mahabarata, poema épico atribuido a
Vyasa (“El Compilador”), consta de unos 215 mil versos,
es mucho más extenso que la Iliada y la Odisea
juntas y su origen se remonta, según algunos estudiosos a la
guerra de los Baratas, ocurrida entre tres mil y dos mil 400 años
a.C. La sociedad que se presenta en la gran epopeya es patriarcal
y la poligamia es la regla, pero uno de los relatos aborda un caso
de poliandria: cinco príncipes, los pandavas, se casan con una
sola mujer. El argumento es el siguiente: el Rey Pandu fue
elegido, en un torneo llamado Swayamvara, por dos princesas, Kunti
y Madri; luchando contra los reyes vecinos restableció la Casa de
los Kurus y después se retiró a vivir tranquilamente con sus dos
esposas, dedicándose a la caza. Un día encontró en su camino a un
rishi (sabio, santo) y a su esposa haciendo el amor convertidos en
ciervos, no pudo resistir el impulso de cazador y disparó una
flecha que hirió mortalmente al macho; antes de morir, el rishi lo
maldijo: Pandu moriría en cuanto hiciera el amor. Para evitar la
muerte, el rey optó por irse a vivir al bosque y sus esposas
decidieron seguirlo. Pasaron varios años y Pandu deseaba tener
hijos; después de reflexionar sobre varias formas de lograrlo sin
morir en el intento, resolvieron emplear un mantra mágico que
Kunti conocía y gracias a esta invocación a las divinidades fueron
naciendo Yudhishthira (hijo del Dharma), Bhimasena (hijo de Vayu)
y Arjuna (hijo de Indra); como Pandu quiso dos hijos más, Kunti
enseñó el mantra mágico a Madri, de quien nacieron Nakula y
Shadeva (hijos de los Aswini Kumaras, mellizos celestiales). Así
nacieron los cinco pandavas. Quince años después, un día que Pandu
y Madri estaban solos, la maldición del Rishi se cumplió y Pandu
cayó muerto mientras hacían el amor. Los cinco pandavas eran ahora
los príncipes de la casa de los Kurus y un clan enemigo intenta
quemarlos vivos; todos los dan por muertos, pero se enteran que el
rey Drupada convoca a un torneo Swayamvara para desposar a su hija
Draupadi, nacida del fuego sagrado y destinada a Arjuna desde
antes de nacer.
Entonces los cinco hermanos se presentan disfrazados
de brahmines al torneo, en el que los otros reyes fallan al
disparar cinco flechas con un arco mágico:
El torneo
continuó. Rey tras rey intentaron pasar la prueba fracasando en su
intento, aunque algunos de ellos casi lo consiguieron. A Sisupala,
por ejemplo, le faltó tan sólo el tamaño de un grano de sésamo
para cubrir con éxito la prueba, pero se le resbaló el arco y tuvo
que regresar a su asiento con el sabor del fracaso amargándole las
entrañas. Otro que estuvo a punto de conseguirlo fue Jarasandha, a
quien le faltó también el tamaño de un grano de mostaza.
Duryodhana se levantó de su asiento dirigiéndose hacia el arco con
paso majestuoso, pero tampoco consiguió hacer diana perfecta en el
pez. A Salya le faltó el ancho de una judía para que su intento
fuera coronado por el éxito. Ya todos los demás reyes estaban
perdiendo la esperanza al ver que los mejores arqueros no habían
podido superar con éxito la prueba, pero Radheya se levantó y se
dirigió hacia el escenario. Su aspecto era grandioso mientras
caminaba como una pantera a través del salón en dirección al arco
(...) Mientras Radheya trataba de apuntar con precisión y todos
los reyes se sumaban a su intento con gran emoción. Todos estaban
seguros de que lo conseguiría. Era todo un espectáculo verle
doblar el arco tensando la cuerda casi sin hacer esfuerzo. Sus
disparos fueron tan certeros que tan sólo le faltó el ancho de un
pelo para hacer diana perfecta.
El Pandava
Arjuna solicita permiso para tomar parte en la competencia y lo
obtiene, evidenciándose que en este tipo de torneo, al menos al
principio, se permitía la participación de todas las castas,
incluso las inferiores (sudras):
Arjuna subió
al escenario y dirigiéndose a Dhrishtadyumna le dijo:
–¿Se le
permite a un brahmín tratar de derribar la diana? Parece que
ninguno de los kshatryas aquí congregados son capaces de
superar con éxito la prueba.
Sus ojos
recorrieron las caras de los reyes y participantes con una
expresión entre divertida y sarcástica. Dhrishtadyumna le
contestó:
–¡Por
supuesto! Cualquiera tiene la opción de intentarlo, no
importa si es un brahmín, un kshatrya, un vaysa o incluso un
sudra.
Arjuna
supera con creces la prueba y obtiene la mano de la princesa;
entonces los cinco hermanos se ven obligados combatir con los
despechados pretendientes:
A los reyes,
por un momento, pareció que se les había detenido el pulso. Pero
luego la ira se apoderó de ellos y comenzaron a decir: «Este
Drupada nos ha insultado deliberadamente. Con tantos reyes como
hay aquí congregados, ha tenido la desfachatez de entregar su hija
a un brahmín; esto es un insulto para nosotros. Si ninguno de
nosotros fue capaz de dar en la diana, su hija debería haberse
suicidado antes de entregarse como esposa a un brahmín. No podemos
tolerar este insulto. Esta ofensa por parte del rey
merece un castigo.
Vayamos a por él y matémosle».
Drupada
estaba asustado y sorprendido ante la ira de los reyes.
Indeciso y confuso miró al joven brahmín que había sido la
causa del altercado, pero Arjuna le tranquilizó con una
sonrisa como diciéndole: «Por favor, no temas, yo puedo
entenderme con todos ellos.»
Habiendo
Arjuna obtenido la mano de Draupadi, los pandavas la llevaron a
la casa en la que estaban hospedados, y ahí…
Su madre les
estaba esperando. Y apenas entraron, a grandes voces le dijeron:
«Madre, te traemos el biksha que hoy hemos recogido» Kunti estaba
en la parte interior de la casa y al oírles, como era usual en
ella, les respondió:
–Sea lo que
sea que hayáis traído, podéis compartirlo entre vosotros.
Luego se reunió con ellos sorprendiéndose al ver a la bella
Draupadi de pie junto a Arjuna. Yudhishthira le dijo:
–Arjuna se
ha ganado a esta doncella en un torneo y era a ella a quien
nos referíamos cuando te dijimos que te traíamos lo que
habíamos recogido.
Kunti al oír
esto se sintió horrorizada pensando en la respuesta que les había
dado, pero ocultando su nerviosismo abrazó a la tímida joven que
aún permanecía de pie, diciéndole:
–Bienvenida
seas a nuestra casa.
Yudhishthira, en su papel de primogénito, y para evitar la
discordia, propuso lo siguiente:
–Nuestra madre
ha dicho que deberíamos compartir a Draupadi entre nosotros y no
hay nada más sagrado que las palabras de nuestra madre; ella es
nuestro gurú y debemos obedecerle. Durante todos estos años jamás
ha hecho nada que no fuera correcto, pero por otro lado es
evidente que todos nosotros amamos a esta mujer. Así que sugiero
que todos nos casemos con ella. No siento que esté haciendo algo
incorrecto al sugeriros esto, creo que mi decisión es justa; así
que no nos preocupemos más y hagámoslo así.
Al día
siguiente, los cinco hermanos se presentaron ante Drupada.
Yudhishthira planteó el asunto al rey; ante su comprensible
enojo, argumenta situaciones semejantes ocurridas en el pasado
que hablan de que la unión de una mujer con varios hombres no
era inusual en una época anterior, aunque la poligamia fuera ya,
para entonces, una práctica extendida y sancionada por las
costumbres y la religión:
–Por favor no
te sorprendas de mi propuesta, pero los cinco hermanos nos
casaremos con tu hija. Ella será
la esposa de los cinco pandavas. Drupada se puso muy enojado por
las palabras de Yudhishthira. No quería ofender a
los poderosos pandavas,
pero su proposición iba contra todo Dharma, así que le dijo: —Pero
eso es imposible. A un hombre se le permite tomar más de una
esposa, pero a una mujer no se le permite tener más de un marido.
Así es como ha sido establecido el Dharma por nuestros
antepasados. No sé si debo aprobar esto; es incorrecto e inmoral.
Entonces Yudhishthira dijo:
–Comprendo
tu enojo, lo que dices es cierto. No es costumbre que una
mujer tenga más de un marido. Pero nosotros somos
diferentes; siempre hemos compartido todo. Siempre hemos
estado juntos y nada puede interponerse entre nosotros, nada
puede separarnos. Además, ahí tienes a nuestra madre. Nunca
ha pronunciado una sola palabra indebida. Para nosotros,
nuestra madre tiene más valor que todos los dharmasastras
(códigos) juntos. En cuanto a la posibilidad de que este
matrimonio sea indebido, he oído que en muchas ocasiones
varios rishis han compartido la misma mujer. La hija del sabio
Tatila tuvo siete maridos y hay otros casos más. Nunca he
concebido pensamientos indignos, ni tampoco mi madre. Puedes
descansar seguro de que esto es correcto.
Drupada aún
no se quedaba tranquilo con estos ambiguos argumentos de
Yudhishthira. Estaba totalmente confuso en cuanto a qué debía
hacer.
Entonces el
rey llama al sabio Vyasa para conocer su opinión y la respuesta
es sorprendente, pues consigna la existencia de esta forma de
matrimonio, aceptada en un tiempo como “instituida por los
dioses” pero ya en desuso para la época en que se compilara este
imprescindible monumento literario, cuando ya se había
establecido la familia poligámica.
En ese
momento entró Vyasa y todos se dirigieron a él para que les
ayudara a salir de ese apuro. Drupada le dio la bienvenida muy
respetuosamente. Estaba muy orgulloso por la visita de aquel gran
hombre. Vyasa era la morada de la sabiduría y la personificación
de la rectitud. Después de que todos se sentaran, Drupada le
expuso su dilema. Vyasa sonrió y le dijo:
–Éste es el
motivo por el que he venido. Quiero saber todas vuestras opiniones
al respecto. –Y después de haberlas oído todas, dijo: –No hay duda
de que lo que dice Drupada es cierto. La costumbre de que una
mujer tenga más de un marido no ha sido muy frecuente en los
últimos tiempos, pero sí se ha hecho en el pasado. Además, aquí
ocurre que toman parte seres divinos (…) Drupada, no harás nada
contra el Dharma consintiendo este matrimonio. No habrá ninguna
transgresión del Dharma.
Drupada
quedó ya satisfecho con estas palabras, el gran Vyasa había
respaldado el matrimonio, así que accedió a esta boda tan
poco usual, de una mujer con cinco hombres.
Las dos
grandes epopeyas de La India, El Mahabarata y El
Ramayana, están envueltas en el misticismo y son tan
complejas que ameritan un gran esfuerzo de comprensión; la densa
red en que los relatos se entrelazan constituye una riquísima veta
no explorada aún por los eruditos en la materia; sin embargo, a
través de cada uno de sus episodios, la realidad se transparenta,
dejándonos atisbar, con asombro, no sólo detalles de las
relaciones sociales de la etapa en que se compiló desde la
tradición oral, sino vestigios de sociedades anteriores, como
éste, que documenta la existencia del matrimonio poliándrico en la
antigua India.
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