POETAS DEL ANTIGUO EGIPTO
(Primera parte)
Surgido
a fines del milenio IV a.n.e., el régimen esclavista del
antiguo Egipto se desarrolló sobre la base de la agricultura
de irrigación y de la ganadería. Es tan rico y variado el
legado arquitectónico, científico, filosófico y literario de
la cultura egipcia, que su conocimiento ha fascinado desde
hace siglos a eruditos, científicos e historiadores del
arte. Un aspecto, sin embargo, hay que destacar: el Estado
de la nobleza esclavista –la monarquía despótica de los
faraones- no sólo se basaba en la explotación del trabajo
esclavo, sino también en la implacable explotación de los
miembros de las comunidades agrícolas. La religión
politeísta, piedra angular de la superestructura social,
cumplía la función de canalizar las aspiraciones del pueblo
oprimido a la esperanza de una feliz existencia
ultraterrena. Sin embargo, la vida de sufrimientos e
injusticias se reflejan también en los monumentos literarios
de contenido religioso. Presentamos ahora fragmentos del
Papiro Nu, de El Libro de los muertos,
texto funerario que recoge los conocimientos mágicos que
debía poseer un difunto para enfrentarse al juicio de los
dioses; en este texto, a fin de granjearse el favor divino,
el alma del muerto debe realizar una serie de negaciones
que, vistas como parte de la vida cotidiana, exhiben la
explotación de una clase por otra en la idealizada sociedad
egipcia.
PAPIRO
NU
(…)No he
causado sufrimiento a los hombres (…) No he hecho trabajar
en mi provecho con exceso. No he intrigado por ambición. No
he maltratado a mis servidores (…) No he privado al
indigente de su subsistencia (...) No he permitido que un
servidor fuese maltratado por su amo. No he hecho sufrir a
otro. No he provocado el hambre. No he hecho llorar a los
hombres, mis semejantes. No he matado ni ordenado matar. No
he provocado enfermedades entre los hombres (…) No he
tratado de aumentar mis dominios empleando medios ilícitos,
ni de usurpar los campos de otro (…) No he quitado la leche
de la boca del niño. No me he apoderado del ganado en los
prados (…) ¡Soy puro!, ¡Soy puro!, ¡Soy puro!
Hubo,
sin embargo, un momento en que se bifurcó la superestructura
creada para defender la base económica del esclavismo
teocrático egipcio; es entonces cuando surgen
manifestaciones literarias en las que el pueblo
deja de
cantarle a los dioses y a los gobernantes y nacen sus
primeras rebeldías sociales, pasivas, desesperadas; revela
sus fatigas, los sufrimientos del campo y la ciudad en las
clases olvidadas; sus cantos no tienen como finalidad
conservar la estructura, sino expresar su inconformidad.
Dentro del gremio artesano aparecen Los cantos de los
trabajadores que, en singulares estrofas, patentizan la
miseria en los diferentes aspectos del trabajo en una
sociedad cuyo monumental legado sigue causando admiración
pero que no debemos olvidar que es producto de innumerables
generaciones de explotados anónimos.
EL
LABRIEGO
Cargar
el trigo es nuestra labor diaria
los
graneros están pletóricos y los barcos rebosantes.
El
cargamento rebasa las bordas
pero aún
se trae más.
Trabajamos
doblegados, hambrientos
nuestras
espaldas de bronce
nuestros
corazones de bronce}
cargan y
cargan.
EL
ALBAÑIL
Te diré
cómo al albañil
la
enfermedad le consume
porque
está
expuesto
a los vientos
edificando
penosamente
pegado a
los capiteles en forma de loto, a las casas
para
lograr sus fines.
Sus
brazos se desgastan en el trabajo
sus
vestidos están desarreglados
se roe a
sí propio
sus
dedos son para él panes
no se
lava más que una vez al día
se hace
humilde para agradar.
EL
TINTORERO
Al
tintorero los dedos le huelen mal
al olor
de los pescados podridos}
los ojos
los tiene muertos de fatiga
su mano
no para jamás
pasa el
tiempo cortando harapos
dan
horror sus vestimentas
EL
TEJEDOR
El
tejedor dentro de las casas es más desgraciado que una
mujer
tiene
las rodillas a la altura del estómago
no
disfruta del aire libre
si un
solo día deja la tela que le corresponde
es atado
como el loto a las charcas.
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