POETAS DEL ANTIGUO
EGIPTO
(Segunda parte)
Tania Zapata
Ortega
El
pensamiento de la nobleza esclavista y de la casta
sacerdotal en el antiguo Egipto se expresa en los textos de
contenido religioso y moral, cuya función primordial era
preservar las relaciones esclavistas y provocar en los
distintos estamentos la convicción de que después de
soportar una vida de esfuerzo y sumisión se verían
recompensados con una dichosa existencia ultraterrena; sin
embargo, en oposición a la ideología oficial representada por
El Libro de los muertos, la literatura materialista
también estuvo presente. La idea de que la felicidad debe buscarse
en este mundo, porque nadie ha regresado del país de los muertos
para testimoniar la veracidad de los dogmas, aparece en la
Canción del Arpista, poema escrito a mediados del III
milenio a.n.e. y encontrado en la tumba del faraón Intef; en este
poema entran en contradicción la fe y el conocimiento, obra de la
experiencia, los sentidos y la razón:
Una generación
pasa y otra perdura
desde el
tiempo de los antepasados.
Los dioses que
se han manifestado en otros tiempos
descansan en
sus pirámides.
Los nobles
espíritus, igualmente,
están
sepultados en sus tumbas.
Los que han
construido edificios
cuyos
emplazamientos ya no existen,
¿Qué ha sido
de ellos?
(...)
¿Dónde están
sus tumbas?
Sus muros han
caído,
ya no existen
sus tumbas.
Es como si
nunca hubieran existido.
No hay
difuntos que vuelvan del más allá
y que cuenten
su estado
y que cuenten
sus cuitas
y que aplaquen
nuestro corazón
hasta que
nosotros lleguemos
al lugar donde
ellos han ido.
El
Diálogo de un desengañado con su alma se halla en
un manuscrito, el Papiro Berlín 3024,
fechado paleográficamente hacia 1900 a.C., en
este poema se expresan las dudas de un hombre, que no
pertenece a la nobleza, en la justicia del régimen social
vigente y en la veracidad de las creencias religiosas:
¿A quién
hablaré hoy?
Los corazones
son codiciosos.
No hay entre
los hombres un solo corazón en el que pueda confiarse.
¿A quién
hablaré hoy?
No hay
justos.
El país ha
quedado para los malhechores.
¿A quién
hablaré hoy?
No queda un
solo amigo de verdad.
Uno confía sus
quejas a la oscuridad.
¿A quién
hablaré hoy?
El
corazón alegre se fue
y aquel
con quien uno paseaba ya no existe.
¿A quién
hablaré hoy?
Estoy
cargado por la desgracia
por
falta de un amigo.
¿A quién
hablaré hoy?
La
maldad anda suelta por el país
y no
tiene fin.
El
Diálogo es un invaluable monumento literario en el
que la muerte se ve como el final del camino del hombre,
como una liberación; no hay nada después, sólo el descanso
para los sufrimientos causados por la lucha cotidiana contra
la naturaleza, la esclavitud, la enfermedad, la prisión, la
guerra, el exilio y las propias dudas:
(…)
La muerte está
hoy ante mí,
como la
curación para un enfermo, como salir al exterior después de una
reclusión.
La muerte está
hoy ante mí,
como el
perfume de la mirra, como sentarse bajo un toldo un día de
viento.
La muerte está
hoy ante mí,
como la
fragancia del loto, como sentarse en la orilla de la
embriaguez.
La muerte está
hoy ante mí,
como un camino
trillado, como el regreso de un hombre del ejercito a su
hogar.
La muerte está
hoy ante mí,
como la
claridad del cielo, como un hombre que encuentra allí más de lo
que ignoraba.
La muerte está
hoy ante mí,
como un hombre
desea ver su hogar después de haber estado prisionero muchos
años.
(…)
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