LA POESÍA BÉLICA
DE ASIRIA Y CALDEA
Tania Zapata Ortega
La
poesía, como reflejo las condiciones relaciones en la
conciencia, aborda necesariamente los temas de interés
prioritario para la sociedad en viven sus autores. Además de
los intentos por explicar el origen del mundo y de la
humanidad, por entender los fenómenos naturales y conjurar
su fuerza devastadora, así como afirmar la superioridad de
los gobernantes y sacerdotes, la poesía asirio caldea
cumplió también otra función: la de llevar un mensaje de
conquista y terror a los pueblos vencidos en la guerra y a
sus vecinos, advirtiéndoles lo que podían esperar en caso de
resistirse.
Además
de una sociedad en que la nobleza teocrática y la casta
sacerdotal regían hasta los aspectos más insignificantes de
la vida, las grandes civilizaciones asentadas en la Media
Luna de las Tierras Fértiles, como las sociedades antiguas,
en general, se caracterizaron por el perfeccionamiento de la
actividad bélica; la guerra fue una respuesta de las clases
dominantes a la necesidad de conquistar territorios ya
ocupados y de protegerse de la amenaza de los imperios
vecinos.
Nínive
entre los asirios, y Babilonia entre los caldeos, fueron el
escenario de encarnizadas guerras. Hacia el año 885 a.n.e.,
el rey asirio Asuur-Nazir-Bal se dio a conocer por sus
acciones de extrema crueldad. Es el constructor de la
fortaleza de Kalak y conquistador de Armenia y Siria; en el
pecho de una de sus estatuas puede leerse la siguiente
inscripción:
“Levanté
una pirámide delante de la Puerta de la Ciudad,
mandé
desollar vivos a algunos de los jefes de la rebelión
y tendí
sus pieles en esta pirámide.
Otros
fueron emparedados vivos entre ladrillos
y otros
empalados a lo largo de las murallas.
Mandé
desollar en mi presencia gran número,
tapicé
la muralla con sus pieles,
hice
coronas con sus cabezas
y
guirnaldas con sus cadáveres.
Me llevé
a Ahiabab a Nínive,
le mandé
desollar
y tendí
su piel sobre la muralla…
El
maestro Alfonso Sierra Partida, en su Historia de la
literatura universal dice al respecto: “Una poesía
cruel, macabra, de verdadera Crónica de Guerra, despojada de
lirismos intrascendentes, angustiosa, verídica, se resume en
las alternativas supremacías de los pueblos mesopotámicos.
Dicen los asirios al conquistar a los caldeos:
Por la
ayuda del Dios Assur
no tengo
rivales.
Derroté
a los enemigos,
sus
cadáveres cubrían los barrancos
y las
cimas de las montañas.
Hice
cortar sus cabezas
y las
expuse en las murallas de su ciudad.
Seis mil
de los suyos escaparon
y
vinieron a besarme los pies...
Y
relatan los caldeos al conquistar a los asirios:
En la
cólera de mi corazón
contaba
los ejércitos del Dios Assur
y yo
avanzaba para atacar a ese país.
Ocupé
cincuenta y cinco ciudades amuralladas
y las
reduje a cenizas.
Tomé a
Sagadatti del monte Middlis
y le
hice arrancar la piel…
Tales
son las epopeyas, cantos míticos, himnos, leyendas y relatos
del pueblo asirio-caldeo. Conquistador, devastador de
ciudades, sembrador de la desolación, del cautiverio y de la
muerte. Destructor implacable y Constructor
inconcebible”.
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