El Cantar de
los Cantares, entre lo divino y lo humano
Tania Zapata
Ortega
Su paladar, dulcísimo,
y todo él codiciable.
Tal es mi amado, tal
es mi amigo,
oh doncellas de
Jerusalén.
Cnt. 5: 16
La poesía no podía
faltar en el enorme monumento de la literatura hebrea de la
antigüedad que es La Biblia retrato fiel de la vida de
esta ancestral cultura. Shir hashirim, traducido también
como El más hermoso de los cantos, El poema más
sublime o El Cantar de los Cantares, es uno de los
libros incluidos en el Antiguo Testamento; se trata de un
bellísimo poema lírico escrito en verso y organizado en estrofas.
Extensa ha sido la polémica para clasificarlo como un texto de
contenido religioso o aceptar que trata un asunto esencialmente
humano: el amor que vence la distancia y la ausencia hasta el
encuentro definitivo.
Ponme como un sello
sobre tu corazón,
como una marca sobre
tu brazo.
Porque fuerte es como
la muerte el amor,
duro como el sepulcro
el celo.
Sus brasas, brasas de
fuego,
fuerte llama.
Las muchas aguas no
podrán apagar el amor,
ni lo ahogarán los
ríos.
Cnt. 8:6-7
A pesar de las
objeciones debido a su contenido sensual, es posible que el nombre
del Rey Salomón pesara lo suficiente para que este antiguo poema
de irresistible belleza fuera incluido en el Canon
Hebreo. Al no considerar aceptable que La Biblia
contuviera un texto de contenido “mundano”, estudiosos judíos y
cristianos han tratado de justificar su presencia atribuyéndole
forzadamente un significado más allá de lo evidente y afirmando
que los esposos representan la unión entre Dios e Israel, entre
Cristo y su Iglesia o entre Dios y el alma individual. Sin
embargo, hay quienes sostienen que su origen se remonta a los
epitalamios o cánticos nupciales israelitas entonados por los
novios o sus familiares durante las bodas, que duraban siete días,
y a los rituales del culto semita relacionados con las
festividades agrícolas de primavera y otoño. Aseguran que, tal
como ha llegado a nosotros, no es obra de un solo poeta, sino una
colección de populares canciones anónimas de los Siglos V y IV
a.C., compiladas probablemente hacia principios del Siglo III
a.C.
Ha sido considerado
un poema dramático debido a la presencia de tres personajes: el
Rey Salomón, la sulamita y el pastor amado por ella; o de sólo
dos: Salomón y la sulamita; destaca la presencia de un coro
formado por las doncellas de Jerusalén. Algunos estudiosos
sostienen que el autor no es el Rey Salomón y que la obra sólo
está dedicada a él debido a que interviene en ella como uno de los
personajes. Visto como una colección de poemas de amor, los
prejuicios religiosos han impedido reconocer su evidente contenido
erótico, pues con espléndidas metáforas, en forma transparente,
con lujo de percepciones sensoriales e imágenes, aborda el tema
del deseo sexual:
Prendiste mi corazón,
hermana, esposa mía;
has preso mi corazón
con uno de tus ojos,
con una gargantilla de
tu cuello.
¡Cuán hermosos son tus
amores, hermana, esposa mía!
¡Cuánto mejores que el
vino tus amores,
y el olor de tus
ungüentos que todas las especias aromáticas!
Como panal de miel
destilan tus labios, oh esposa;
miel y leche hay
debajo de tu lengua;
y el olor de tus
vestidos como el olor del Líbano.
Cnt. 4:9-11
Los contornos de tus
muslos son como joyas,
obra de mano de
excelente maestro.
Tu ombligo, como una
taza redonda,
que no le falta
bebida.
Tu vientre, como
montón de trigo,
cercado de
lirios.
Tus dos pechos, como
dos cabritos
mellizos de
gama.
Cnt. 7: 1-3
El Cantar de los
Cantares refleja fielmente la cotidianeidad de este pueblo nómada,
para el que la ganadería fue la base de una gran civilización. El
poema, partiendo del paisaje, la vegetación y la vida pastoril,
exalta la atracción irresistible y mutua entre un hombre y una
mujer; el poeta compara a su amada con lo más preciado de ese
tiempo:
Tu cabello es como
manada de cabras
que se muestran en
Galaad.
Tus dientes como
manada de ovejas
que suben del
lavadero,
todas con crías
mellizas,
y estéril no hay entre
ellas.
Cnt. 6:5-6
Tus renuevos, paraíso
de granados, con frutos suaves,
de alheñas y
Nardos,
nardo y
azafrán,
caña aromática y
canela, con todos los árboles de incienso;
mirra y áloes, con
todas las principales especias.
Cnt. 4: 13-14
Están presentes
también las alusiones a las formas de organización social, a sus
costumbres matrimoniales y a la guerra, que nos obligan a recordar
la siguiente etapa en la historia de este pueblo:
Hermosa eres tú, oh
amiga mía, como Tirsa;
de desear, como
Jerusalén;
imponente como
ejércitos en orden.
Cnt. 6: 4
Sesenta son las reinas
y ochenta las concubinas,
y las doncellas sin
cuento.
Mas una es la paloma
mía, la perfecta mía;
Cnt. 6: 8-9
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